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La antártica empieza aquí, por Aloysus Acker Estimado Aloysus: Decidí comentar tu libro sin detenerme en sus influencias (y menos todavía en aquella que tanto se ha mencionado) porque tu propósito, sin duda, es que los lectores reconozcamos ...
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Dios, de Endiosando un cadáver

Ejercicios 10 Comentarios »

Soy yo, Dios.

Noches después de escapar del hospital me arrepiento de haber matado al profesor, ahora es más difícil mantenerme “viva”. No quería aceptarlo, pero dependía de él. De él y de sus estúpidas bolsitas de sangre.

¿Por qué lo maté? Él sólo quería ayudar a la humanidad. Sí, pero sacrificándome. No mató a ninguno de sus familiares, mató a una desconocida, a una ingenua involuntaria sin esposo o hijos que se preocuparan por ella. Yo no soy un experimento. Soy Dios.

Lo hubiera dejado vivir… sí, claro. Entonces no sólo sería revivida por él, sino por otros científicos que me estudiarían y humillarían. ¿Por qué tuvo que mutilar mis genitales? ¿Por qué me privó del sexo? Eso era científicamente innecesario. Maldito cerdo misógino. Por eso lo odiaba.

Por eso lo maté.

Esta existencia fútil de sorber sangre y electrocutarme cada vez que me da un ¿infarto? es repugnante. ¿Por qué me mantengo con vida? Porque soy cobarde. No quiero morir, no quiero volver a ver al perro negro.

A veces me entristezco. Quisiera recordar quién fui. He leído mis expedientes, pero ellos no me explican porqué no me casé. Cuándo perdí a mis padres. Qué estudié. Dónde comía. Cómo me vestía.

¿Debería sentir desesperación? No existe el consuelo tras la muerte. Las religiones han inventado conceptos divinos de recompensa y castigo en la vida eterna para que los creyentes alaben a un dios falso. Ja, vida eterna. He estado en el vacío, en la inconsciencia que es la muerte y ahí no existe ningún dios. Sólo yo he resucitado.

No desespero. El cielo y el infierno se viven en la Tierra. En la muerte sólo nos espera el perro negro.

Ejercicio 4

Ejercicios 6 Comentarios »

Pues mire, debo confesar que no tenía ningún propósito en el orden de mis cuentos. Si usted pudiera tocar la masilla que es mi libro, la sentiría como Play Doh después de que un infante la ha exprimido y llenado de mocos.

Dispuse los cuentos cronológicamente, es decir, conforme terminaba uno lo acomodaba detrás del primero. Eso sí, déjeme confesarle, coloqué BFF en primer lugar porque quería que fuera un anzuelo; pero al reflexionar, me doy cuenta de que su lenguaje, además del tono, es opalino, mientras que mi bloque de escultura es de ónice.

El que fue una coincidencia fue Endiosando un cadáver, puesto que fue el último que terminé y es uno de mis cuentos mejor logrados. Permanecerá en su lugar porque, además de su extensión (que es considerablemente más larga), creo que logra la implosión final en el lector.

Ahora intentaré esculpir el libro, darle volumen, perfeccionarlo.

Ya que hemos descartado BFF, queda la cuestión de elegir el cuento que abrirá Hematofagia y vampirofilia (título en reconsideración). Elijo Galletas de jengibre porque me gustaría comenzar con una montaña. No muy alta, ya que podría opacar a las otras. Después seguirá Artemio, el valle menos profundo. Hubiera puesto El señor Aguirre en segundo lugar por ser el valle más pronunciado, pero no quisiera ahuyentar al lector con dos cuentos poco impactantes en el inicio. Lo colocaré en tercer lugar. La bella y la bestia dará comienzo al ascendiente eje volcánico: cada cuento será más sangriento y pornográfico que el anterior: Mantis religiosa, El gran guiñol, Triana y, para terminar, Endiosando un cadáver.

Sin darme cuenta, mi libro de cuentos es la escultura Mujer con la garganta cortada de Alberto Giacometti. Deme su mano, toque las escarpadas puntiagudas, la muerte, el tabú. ¿Ahora entiende?

Ejercicio 3

Ejercicios 11 Comentarios »

Tenía una mordida exactamente igual en el escroto.

Guardó el cuchillo en una bolsa de su pantalón beige y observó las dos pequeñas incisiones, todavía sangrantes, que inflamaban su mano izquierda.

El homínido porcino, de unos 50 años de edad, caminaba encorvado por la sección infantil, sujetando su entrepierna. Se recargó en un estante de libros y sacó su navaja del bolsillo empapado de plasma escarlata. Limpió las costras de sangre. Olfateó sus uñas, cubiertas de semen.

Su oído derecho registró una risita femenil.

Inmediatamente, el viejo escudriñó a los compradores en busca del sonido.

Se detuvo a unos metros de la chiquilla y cristalizó sus orbes oculares en la figura que abría y cerraba libros.

La respiración del hombre se aceleró. Su quijada se desplomó, inerte, y un molesto jadeo escapó de ese hueco de encías despellejadas y dientes porosos. Sus dedos acariciaron el lugar donde había escondido la navaja momentos antes.

Una erección. Dos gotas carmín mancharon su bragueta.

Con una voz aguda y nasal, le preguntó a un dependiente de la tienda -¿Tienes la biografía de Roman Polanski?

-Sí, pero está en el almacén.

-Tráela.

La sección estaba despejada.

-Ven, niña, ¿quieres jugar?

El gran guiñol

Cuentos 9 Comentarios »

            Paris, Francia 18…

            Caminas por la calle tomada del brazo de tu novio francés. Tienes problemas con tu vestido: los aros te distancian de tu prometido y tratas de aferrarte a él mientras maniobras con el parasol y te acomodas el sombrero, que se resbala por tu cabello debido al peinado que te trenzaron las madammes en el salón de belleza Marie Josette. El corset está demasiado ajustado y los botines no son lo suficientemente altos para esquivar el lodo que ensucia de marrón el encaje de ta robe[1]. Y por si fuera poco, el  sudor de tus manos ha humedecido los guantes.

            Definitivamente, la moda parisina no es para ti.

            Prefieres los escotes menos voluptuosos y las calcetas convencionales que se usan en Londres, sin holanes o moños pecaminosos.

            Pero nada de eso importa, eres feliz porque a tu derecha, un hombre musculoso, bronceado y de ojos verdes te besa de vez en cuando y halaga tu maquillage discreto y tu sonrisa en forma de corazón.

            Es actor, du Grand Guignol, y juntos se dirigen a su presentación estelar.

            Llegan a una plaza donde una multitud ya rodea el escenario de madera, esperando que el telón se abra. Tu fiancé te besa en los nudillos y se despide.

-Mon amour: tu es ma muse, ma déesse. Ne déteste pas le théâtre. Ris, ris! C’est la France[2].

            Corre tras bambalinas y tú aguardas a que empiece la función lejos de la muchedumbre. Creíste que era famoso, una estrella. Que sus obras eran presentadas en un teatro con butacas y balcones en donde apreciar la escenografía y el vestuario de los actores. No en una plazoleta debajo de los impíos rayos del sol, donde tu perfume exquisito se confundía con la pestilencia del pescado, y los plebeyos con olor a enfermedades y pústulas se agolpaban, tratando de conseguir el mejor lugar.

            Escondes tu joyería veneciana en tu bolsa y la mantienes muy cerca de ti.

            El telón al fin se levanta y te acercas un poco más al escenario, tratando de no tocar a la gentuza.

            Notas que entre los espectadores hay varias enfermeras y doctores. Qué curioso.

            La escenografía es sumamente simple, consta de una tela pintada de una escena grotesque. Es desoladora. Los pueblerinos están muertos, incluso el rey está tirado, agonizando; un ejército de esqueletos avanza para invadir la ciudad y los sacerdotes tratan de huir en una barcaza. Pero todos están condenados… Te persignas. Mon Dieu. ¿Qué clase de representación luciferina estás por presenciar?

            Sin embargo, la obra es graciosa, un tanto vulgar, pero entretenida. Varias veces te hacen sonrojar los mordaces comentarios del saltimbanqui a la moza, y te diviertes con los galantes desvaríos del héroe.

            Pero, de pronto, entra a escena tu caballero.

            Danza en la tarima con un porte noble, como quien observara las espiras de humo de una taza de té azucarado.

            Desnuda a la muchacha y le hace el amor. Ahí, frente a la plebe.

            Humillada, das media vuelta y con lágrimas rabiosas te alejas de los actos envilecidos que han ennegrecido tu inocencia y mancillado tu dignidad.

            Él grita tu nombre, volteas por última vez.

            Te mira y te lanza un beso, y la mujerzuela le corta el pene y se lo vuelve a llevar a la vagina.

            Llegan más hombres a la escena, lo encadenan y lo cuelgan boca abajo. Separan sus piernas, y con una segueta lo sierran. ¡Por la mitad!

            Te horrorizas, y la audiencia se alegra con ese carnaval.

            Corres con una enfermera y le gritas.

-S’il vous-plait! Aidez-lui, il est en train de mourir[3].

-C’est le folklore, fille anglaise[4].

            Lo oyes gritar, le están arrancando la piel con un palo de puntas afiladas.

            No escuchas a la enfermera, ya estás corriendo hacia un doctor.

-Monsieur le docteur, est-ce que vous n’allez rien faire?[5] 

-Non, petite mademoiselle[6].

-Alors, pourquoi vous êtes ici?[7] 

-Pour prendre soin des petites demoiselles comme vous, qui s’evanouissent[8].

            Cesan los quejidos.

            El público aplaude, la obra ha terminado.

            Sueltas tu sombrilla y tu bolsa y corres hacia el escenario, empujando a la gente para poder pasar.

            Han bajado la cortina, pero subes a la tarima de madera y lo buscas.

-Mon garçon! Où est-il?[9]

            Lo encuentras tirado al lado del escenario, junto con otros cadáveres. Te arrojas al suelo y abrazas su cabeza.

            El olor no era de pescado.

-Gens pourris: vous l’avez tué! Vous irez tous aux enfers; Satan, lui-même, mâchera vos coeurs![10]

            Te levantas, la sierra sigue en el escenario…

 


[1] Tu vestido.

[2] Mi amor: eres mi musa, mi diosa. No odies el teatro. ¡Ríe, ríe! Así es Francia.

[3] ¡Por favor! Ayúdelo, está muriendo.

[4] Es el folklore, niña inglesa.

[5] Señor doctor, ¿es que no va a hacer nada?

[6] No, señorita.

[7] ¿Entonces para qué está aquí?

[8] Para cuidar a las damitas desmayadas como usted.

[9] ¡Mi hombre! ¿Dónde está?

[10] ¡Gente podrida: lo han matado! ¡Todos irán al infierno; el mismo Satanás masticará sus corazones!

Triana

Cuentos Comentarios desactivados

            Se levantó de la mesa y se masturbó.

            Sacó un pequeño vaso de vidrio de un cajón de madera y lo colocó encima de la mesa, al lado de las cartas de Tarot. Tomó su pene y lo sacudió hasta que la secreción blancuzca salió, chorreante, y llenó el vaso.

-Bebe. Leer el texto completo »

Susana San Juan

Ejercicios 5 Comentarios »

I

-Véngase, don Pedro, que ya las ánimas van a salir.

-¡Susana! ¿Y tus dolores, y tus pesadillas?

-No tengo. Justina me las ha quitado con un ramito de romero. ¡Pero venga a mi cuarto! A nuestro cuarto.

Descobijan sus cuerpos, desnudan la cama. Pedro Páramo ya no necesita a la chacha Margarita.

El sudor se volatiliza de sus cuerpos y su semen se destila dentro de ella.

Duermen.

-Pedro, ya han venido las ánimas.

-Cierra los oídos y tápate los ojos.

-Ya ha venido Bartolomé.

Pedro Páramo se piensa acostado a un lado de Susana. Los muertos nunca saben cuándo han muerto.

  

II

El padre Rentería entra al cuarto de Susana San Juan a prepararla para su muerte. Está desnuda.

Ya he cometido tantos pecados. Vivo desamparado de la gracia de Dios. Y el señor cura me ha negado la absolución.

-Tengo la boca llena de tierra.

-Sí, padre.

-No. Repite después de mí: “Tengo la boca llena de tierra”.

El padre pega los labios a la oreja de Susana.

-Tengo la boca llena de tus huevos.

Susana sonríe. Al padre se le para.

-Dime que quieres lamerlos.

-Se va a ir al infierno.

-¡Yo soy en intermediario de Dios!

-Me iré yo primero y lo esperaré. Ahí le diré lo que quiera, padre.

-¡Condeno tu alma!

-Ya todos, por vivir en Comala, estamos condenados.

 

III

-Justina, otra vez el gato.

-El gato se murió hace una semana, Susana.

-¡Te digo que tengo al gato en mi estómago!

-No, eso es… tu enfermedad, Susana. Te estás muriendo.

-Ahora crees que estoy loca. Quítamelo y llévatelo.

-Pe…

-¡No quiero escuchar nada más!

Justina se acerca y toca su vientre.

-¡Aquí esta! ¿No lo ves?

-¡Don Pedro, don Pedro! ¡Que Susana se muere!

Esa Justina inútil, lo haré yo sola.

 

En estudios posteriores, se comprobó que los tumores intestinales a veces se sienten como gatos.

Reporte sobre el estudio clínico y antropológico de organismos hematófagos y su comparación con los seres humanos

Ejercicios Comentarios desactivados

Nombre científico: Homo sapiens vampiricus.

Nombre común: vampiro.

Hábitat: ciudades.

Estructuras celulares: vampiros y humanos comparten las mismas funciones somáticas. Las diferencias radican en:

  1. Los vampiros presentan anemia; se cree que esta es la razón por la que se alimentan de sangre.
  2. Las neuronas vampíricas son caníbales, produciendo en el individuo una demencia latente que se desencadena con un disparador específico (los resultados de los tests de una revista, que se hayan comido una galleta, etc.).

Alimentación: hematófagos (3), antropófagos (2) y confiterívoros (2).

Idioma: español coloquial, a excepción de BFF, debido al grupo social en el que se desenvuelve, el “fresa”, y Endiosando un cadáver por su profesión científica.

Comportamiento grupal: existe una homogeneidad en la manada, sin embargo, BFF parece no pertenecer al conjunto a causa de su naturaleza amena; se han introducido tres nuevos miembros Erotic pet shop, El gran guiñol y Triana, que sintonizan con su humor sin prescindir de su índole oscura.

Reproducción: se caracterizan por tener un comportamiento violento al aparearse.

Conclusiones: estos seres no son vampiros, sino Homo sapiens con trastornos psicóticos originados por patologías neuronales y sanguíneas. Su nutrición no es estrictamente vampírica y algunos miembros presentan rasgos humoristas. Se debe de reconsiderar el título del libro sobre estos entes.

Hipótesis: escribir un cuento es hacerle el amor al lector: se le debe de atraer como a un amante, con un inicio seductor. Recostarlo en la cama e insinuarle lo que le espera. Nunca dejar de excitarlo mientras se le conduce por una trama íntima que sublima de las caricias del escritor. Y llegar al orgasmo.

La diferencia con la novela es que el cuento es la noche de bodas (breve, extraordinaria, de pocos personajes) y la novela es el matrimonio (extensa, de varios personajes –los hijos, la suegra-, con muchos clímax).

Ejercicio 1

Ejercicios 7 Comentarios »

Bienvenidos al recorrido turístico de las islas vírgenes H.V. Queda prohibido sacar brazos y piernas del barco debido a la ferocidad de los habitantes.

El primer islote lo pueden admirar a su derecha: noten la cultura pop en los malls y en los shots envenenados.

Más adelante tenemos la residencia de 500 enfermas mentales cuidadas necrófilamente en el manicomio “Lourdes”.

A su izquierda un asilo anónimo alberga a Artemio, un pobre diablo que se cree lobo.

Sigamos con el bajío donde se practica vudú con Galletas de jengibre (nunca intenten comer una: tiene resultados catastróficos).

El dueño del atolón vecino es El Sr. Aguirre, quien cree firmemente en la existencia de los vampiros. Guardemos un momento de silencio tras su reciente muerte por desangramiento.

 

 

 

 

 

 

Retomaré la excursión con el cayo de las mantis, del que se dice que no sólo insectos homófagos lo habitan, sino doncellas caníbales…

A continuación, podemos apreciar el hospital erigido en memoria del doctor que murió bajo razones desconocidas al reanimar un cuerpo.

Estimados pasajeros, lamentamos informarles que No volverán los trenes al arrecife que está unos metros más adelante por recientes movimientos tectónicos, que lo han derruido para dar paso a los montes marinos Triana, Erotic pet shop y El gran guiñol.

Eso es todo, muchas gracias por acompañarnos en ésta su agencia de viajes favorita, Luceln. No olviden comprar un recuerdo cuando salgan.

Presentación y Bienvenida

Presentación y Bienvenida 13 Comentarios »

¡Hola a todos! Soy Luceln y este es el primer concurso nacional en el que participo. La verdad es que me sorprendí bastante cuando vi mi nombre entre los 12 participantes. ¡No lo podía creer! Tengo 18 años y apenas estoy arrancando en mi carrera literaria. ¿Podrán creer que el año pasado escribí mi primer cuento? Antes escribía poesía y comencé una novela, pero al final, no me gustó ni lo uno ni lo otro y lo dejé. Preferí leer. Soy una amante de las novelas de vampiros (Crepúsculo está más que descontado, por supuesto), como podrán notar en el título de mi libro de cuentos: Hematofagia y vampirofilia.

Es chistoso, mi ex libris no tiene nada que ver con el tono de mis cuentos y mi seudónimo es masculino (¿?). Por eso los invito a que lean mi libro, sobretodo los cuentos Mantis religiosa y Galletas de jengibre. Leer el texto completo »

Luceln

Biografía 4 Comentarios »

Me dirigí a mi cuarto, donde Kenneth ya me esperaba. Abrí la puerta y estaba acostado en la cama. Pero había algo sobre él. Un joven vampiro a punto de morder su cuello. –¡Espera!– La criatura volteó su mirada hacia mí. –Espera–. Me acerqué lentamente y él nunca dejó de mirarme. Choqué contra la mesa de noche y tomé una hoja de afeitar de mi novio. Con la mano temblorosa, la llevé hasta mi cuello y me corté. Toqué con mis dedos la herida y se la ofrecí. Él no hizo nada. Acerqué mi mano un poco más y acaricié sus labios. Él tomó mi muñeca y lamió mis dedos. Me atrajo hacia él. Me miró a los ojos y fue descendiendo hasta mi cuello. Lo besó. Y luego sentí sus colmillos. –Mejor yo que Kenneth– pensé, mientras me debilitaba más y más en sus brazos, pero también sentía un leve cosquilleo de placer que no quería que acabara. Me colocó sobre la cama, junto a mi novio olvidado, e intentó besarme, pero me aparté. –Eso no es parte del trato–. Él se limitó a sonreír. Siguió bebiéndome y me dijo su nombre. –Luceln. –Ah. Gracias por no convertirme… en lo que eres. Frío.