Lupercalia
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La antártica empieza aquí, por Aloysus Acker Estimado Aloysus: Decidí comentar tu libro sin detenerme en sus influencias (y menos todavía en aquella que tanto se ha mencionado) porque tu propósito, sin duda, es que los lectores reconozcamos ...
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REACCIONES DE LABORATORIO

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En el orden de los ofidios el relato equivale a una picadura de víbora, algunas novelas a un abrazo de boa y otras, las más largas, a uno de anaconda.

En el ecosistema de la selva, Horacio Quiroga comparó el relato con un arco en tensión: apuntar para dar en el blanco y en la región de los glaciares, Hemingway con un iceberg, donde lo visible, el texto, es una mínima parte de todo el colosal témpano de hielo que constituyen los datos sumergidos.

Tomando estas consideraciones previas a manera de premisas y a la luz del microscopio lo que se aprecia en las veinte especies catalogadas por primera vez en Jabajaubia, archipiélago a mitad de camino entre Jauja y Babia, es lo siguiente:

Sitjar, el primer cuento, constituye el origen acuático de todo, repleto de amebas, y demás protozoos nadan sobre los indicios de una característica común de todas estas células con vida libre: su comportamiento insólito es su adscripción y amalgama. Cualquiera de ellos nace de un desajuste; de una cadena de ADN alterada, mordida, que, sin embargo, con su supervivencia demuestra su viabilidad.

La arena del tiempo inverso de Akenaton es el otro habitat de estos seres anfibios.

Capoladera es claramente espongiario, es decir, de masa redondeada, gelatinosa y colores vistosos. Tres capas de párpados, definido por esta característica ocular es del género Crocodylus, un majestuoso souvenir del pasado.

Las Bibliomulas son animales doblemente híbridos que se vuelven fértiles al ser leídas.

El informe concluye que son especies aptas para la vida: tentaculares, con satisfactorios procesos de división celular, algunas aún creciendo.

Si tal como se explica en el texto Ónix, la enzima telomerasa actúa, una vez aisladas sus moléculas, la especie humana conseguirá ser inmortal y entonces tendrá que saber para qué.

Tres variaciones consecutivas en torno al final de Pedro Páramo: el elemento compartido.

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I.

La noticia de la muerte de Susana San Juan, surcó sobre un aire desaforado. Las cortinas de los zaguanes bisbiseaban: comenzaba a desplegarse el plan urdido. Las campanas, repicaron hasta una afonía de cántaro:  entre los convocados llegó incluso un circo de volantineros y sillas voladoras. Hubo feria, peleas de gallos, juegos de lotería, trajín de naipes y otros azares. Un carnaval a destiempo meció las hamacas.

Todos sabían el motivo por el que el duelo se transformó en fiesta menos Pedro Páramo.

El jarabe de calor convirtió en papel las hojas de los arrayanes y sobre ellos se estamparon los lagartos.

II.

Durante tres días la comitiva que acompañó a Susana San Juan al camposanto preparó enseres y bártulos. Nunca regresó nadie de allí. Entre todos engañaron a Pedro Páramo.

Sólo le dejaron a los muertos mezclados con una tierra que ya no removían.

El se cruzó de brazos junto al camino mirándolo pero sin trazarlo, sin descubrir nunca que todos los vivos que lo abandonaron seguían el jolgorio en Alamoc, el pueblo de al lado, a la espera de que muriera y las calles se limpiaran de rabia, ciertas injusticias y mucha violencia.

Después se quedarían con todas sus tierras.

Estaba todo tramado y bien tramado.

III.

Desde Alamoc de vez en cuando llegaba alguien a comprobar cómo le iba.

De lejos siempre parecía muerto pero después frente a él le atisbaban los ojos fijos en el camposanto; el fulgor desmentía que ya fuera sólo un espantapájaros junto a una botella de licor.

En cuanto se quitaron de su vista, la misma noche del sepelio, Susana San Juan saltó del ataúd y entre los tules de su traje de novia bailó fingiendo a ratos frases y gestos de locura con los que todos reían.

Sobre las hojas de los arrayanes comenzaba a escribirse un futuro inédito.

Comala se llenó de adioses pero Alamoc de bienvenidas.

HOMBRES RANA

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Isla Boda, capital Oceánica, Isla Capoladera, centro administrativo, Siempreferia e Isla Sitjar. Esta última conocida por las ranas que sobre sus piélagos trazan sólo en verano una caligrafía críptica que dicen encierra el secreto de su resurrección.

Toponimia que coincide con títulos de relatos encapsulados y recubiertos de películas solubles, de fotogramas efímeros disueltos en agua. Un líquido brevemente interrumpido por la sorpresa de su irrupción terrestre.

Intención insular pero con pasarelas, islotes próximos. En sus mares no cabe un transatlántico, ni un cromático yate ni siquiera un ferry. Accesibles a salto de rana  o caminando sobre las aguas con el istmo que las separa bajo los pies.

Dentro de la escafandra sentimos, mientras leemos, cómo el flujo sanguíneo se ralentiza, nos induce el letargo.

Mientras nos adentramos somos de cristal, rompibles… El final del relato nos devuelve a nosotros mismos y reparamos en lo irreparable: en el teléfono, en la televisión que radiografía difusamente otra guerra más. Ansiamos una isla nueva para nosotros solos y lamentamos ser seres con completa funcionalidad porque no hay píldora que nos cure de la alergia de estar vivos.

Mapa Micromundi

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Desplegado sobre el escritorio este mapa micromundi y varios prospectos; después de repasar toda la cartografía del archipiélago, considero que queda fuera de sus confines la isla: Lucha de gigantes -porque su orografía no coincide con su perfil definitivo, se halla en un estado de formación anterior-.

Para que la superficie terrestre se corresponda con la medición inicial se incorporarán a su geografía un atolón y tres arrecifes.

Por otro lado, el islote Los higienistas, está aún por descubrir en su totalidad, trazar su contorno definitivo podría ser una aventura compartida.

Un azar de bits nos resguarda de la intemperie.

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Lupercalia existe más allá de las palabras.

Emerjo pescada por la red tejida por cables y circuitos.

Y floto sobre el mar de cristal líquido de tu monitor.

Quiero mostrarte estas Píldoras microficticias: curativas siempre que se administren con precaución.

Te dejo mientras tanto esta milenaria receta sobreimpresa en la invitación a la fiesta:

Haz siempre lo que temas.
Saldrás indemne.

Lupercalia

Biografía 2 Comentarios »

Me llamo Lupercalia y vivo en un mundo ciertamente raro. Jauja y Babia simultáneamente. A veces frecuento karaokes pero sólo en mi imaginación. Lo que más me gusta de París es también la luz y el camembert. Y considero, dando la razón a un escritor mexicano y español, que un intelectual es aquel para quien los problemas políticos son, ante todo, problemas morales. Me ruborizo al hablar de mí pero aún así diré que soy licenciada en Tripodología Felina o el arte de buscarle tres pies al gato. Obtuve el grado de doctora con una tesis sobre todos los donjuanes que en la ficción han sido a los que he analizado con avidez viviseccionadora; las criaturas creadas por Tirso de Molina, Byron, Molière, Zorrilla y Torrente Ballester entre otros. Ahora la escritura en Internet –que para nada es escribir en el agua– me ancla en el siglo XXI. Camino bajo los porches cuando no soporto el sol, tengo pijamas que no uso, perchas con alas de ángel, muchas plantas y libros y me horrorizan las atracciones de feria. La escritura me reconforta, reconfigura, formatea y reconstruye. Me alimento con la frase de Dalí que dice que “La belleza será comestible o no será.” También tengo un lema alquilado: “Las cosas sólo tienen una dificultad, hacerlas.”