Ejercicio 4
Uncategorized Comentarios desactivadosLa marrana negra de la literatura rosa es un conjunto de montañas que vistas desde la carretera tienen la forma de un contrabajo acostado. Existe un extremo delgado y otro grueso. Cada uno dedicado a crear su propio efecto. La forma del instrumento musical es tan definida que si eres ciego de nacimiento y nunca has visto una montaña, puedes acceder al libro tocando un contrabajo. Tus manos pueden leer el instrumento, sentir cada curvatura de su cuerpo, recorrerlo. Dimensiónalo a gran escala y esa es la montaña.
Cada una de las montañas ha sido colocada dentro del conjunto para crear el sonido que sale del instrumento. La marrana negra de la literatura rosa es una montaña de sonido. Y cada una de sus partes está en función de ese sonido. Pero entre las últimas montañas falta otra cima, que permita a la naturaleza crear la escultura plenamente. Repito: su forma es definida, sin embargo, la naturaleza busca su forma concreta y ha empezado a erosionar la piedra para completarla.
No existe la necesidad de modificar el orden de la escultura. Ninguna de sus piezas puede ser reubicada. El viaje que dibuja el contrabajo permite al invidente acceder a un instrumento perfecto, no a un ensayo de contrabajo creado por un mal carpintero, no a un contrabajo de plástico. El producto que está entre sus manos, en su imaginación, es decir, la montaña, es un contrabajo de orquesta. Aunque pareciera otra cosa, el sonido que sale del instrumento es música rusa. Cada una de las montañas está describiendo un dolor ruso. Y humor. Pero sobre todo el dolor que vive cada montaña.
El creador de la escultura, el mago, está tocando una música triste que aspira a ser hermosa. Ve en cada una de sus montañas a un moderno Marmeladov. Ninguna se identifica con un héroe.




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