El cuento eliminado anteriormente había sido La isla.
Sus palabras claves: niños hermanos amistad isla música curiosidad crueldad Bach genio víctimas caníbal vacaciones terror invisibles sueños pesadillas esclavos futuro maravillas prohibida
La palabra sin la cual el cuento no podría existir es curiosidad.
Alrededor de ella, surgen las siguientes:
curiosidad secreto saber búsqueda obsesión inteligencia genio locura pesadilla víctimas suicidio
Creo que con ellas se podrían escribir todos los cuentos que componen La Antártica empieza aquí, reflejan los temas fundamentales del libro, y son algunas de mis palabras favoritas.
La inteligencia artificial
Mi profesor me enseñó que la única actitud posible ante la vida es la de Marie Curie: buscas algo que no existe salvo en teoría, detectas una señal minúscula, la radiación de una partícula elemental; has sacrificado tu vida para encontrarla.
Yo he conocido gente así, víctimas de la curiosidad, personas cuya obsesión por el saber los arrastra a la locura, al suicidio o a una búsqueda sin fin. El flaco de la clase de estructuras, por ejemplo, prácticamente vivía en la universidad. Iba solamente a ese curso, año tras año, mientras sus compañeros se graduaban, y lo único que hacía era tomar apuntes. Jamás lo escuché hablar. Estructuras es un curso muy difícil, la pesadilla de la Facultad, pero este flaco lo repetía una y otra vez, como si ahí se escondiera un secreto que sólo él podía descifrar. Había otro, un poeta desconocido, Paulo de Jolly. Niño genio, se creía Luis XIV. Nunca lo publicaron en Chile, sólo en Costa Rica, pero vivió totalmente poseído por su personaje. Escribía versos sencillos y hermosos, cartas del Rey Sol a sus caballos, a su secretario, a sus amantes, instrucciones para arquitectos, nobles y subordinados. Se mató antes de cumplir treinta años. Pero la historia más rara que conozco sucedió hace poco. Es una historia de la vida real. Trata sobre dos jóvenes científicos, Mohander Sinh y Christopher Lenton, teóricos de la inteligencia artificial.
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