Aloysus Acker
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La antártica empieza aquí, por Aloysus Acker Estimado Aloysus: Decidí comentar tu libro sin detenerme en sus influencias (y menos todavía en aquella que tanto se ha mencionado) porque tu propósito, sin duda, es que los lectores reconozcamos ...
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So long, and thanks for all the fish

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Gracias a todos, jueces, comentaristas, amigos y enemigos.

Como las despedidas han de ser tristes, y aprovechando lo poco que queda del seudónimo, un último regalo, con mucho drama:

“Hay gente que se hace a la mar con una brisa suave y atraviesa el océano: así hace, pero no lo atraviesa.

El mar no es una superficie. Es un abismo de arriba abajo.

Si quieres atravesar el mar, naufraga.”

Meister Eckhart

Deseo: nueva versión

Nuevas versiones 13 Comentarios »

Deseo

 

“When there is nothing left to burn you have to set yourself on fire.”

Douglas Campbell

 

Buscar explicaciones para este tipo de coincidencias es una pérdida de tiempo. Dos escritores primerizos, de países distintos, escriben la misma historia.

Quizás se trata de un milagro geográfico, ya que Argentina limita con Chile, o tal vez se hayan inspirado en una noticia leída en el diario, en una revista, o en una página web. La historia de un travesti milagroso tiene todos los elementos necesarios para llamar la atención de los medios, y sin embargo, se trata de un relato original, o al menos tan original como puede ser una historia que remite a otra historia que a su vez remite a otra.

*  * *

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Ejercicio final

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No me digas que no te acuerdas

 

 

No te dís vuelta.

¿Qué onda?

En la mesa de atrás hay un niñito que no para de mirar pa acá.

¿Dónde?

Detrás tuyo. ¡Pero no te dís vuelta!

Te estará mirando a ti.

No ando muy sexy que digamos.

Sácate el chaleco, entonces.

No puedo, ando sin sostenes.

Mejor todavía.

No seaí enfermo.

Tú erís la que está fantaseando con el pendejo.

No estoy fantaseando, Benjamín.

Dale, sácate el chaleco.

Después te ponis todo celoso.

Pero si es un pendejo.

¿Se masturban los niños a esa edad?

Depende. Algunos sí.

Qué asqueroso.

¿Qué tiene de asqueroso?

Cacha que ayer en el matrimonio de la Camila, le dio un ataque de epilepsia a un niñito en la mitad de la fiesta. Leer el texto completo »

Ejercicio 7: el libro de Mahout

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Mahout, vamos directo al grano: No pierda a su pareja por culpa de la grasa habla de un gordo que asalta y casi asesina a su madre para hacerse una liposucción; en el segundo, La jota de Bergerac, un travesti se prostituye para pagar una rinoplastia. Ponerlos juntos me parece un error, ya que el tema se agota en el primero: ambos protagonistas sufren por un defecto físico y creen que la solución es el dinero. No sólo eso: los dos usan un narrador en primera, con voces similares (y un excelente uso del argot popular) e incluyen historias de amor maldito que acaban en violencia. Tu tercer cuento, El corrido del eterno retorno, me parece más reflexivo y profundo: su protagonista narra las desgracias de la familia de su marido, que se niega a tener sexo con ella por el duelo que vive. Creo que quedaría bien en segundo lugar, ya que el ritmo y la voz de su protagonista son más acallados, utiliza un lenguaje diferente, y la trama, aunque está emparentada con los demás cuentos por su temática sexual y trágica, da un respiro, y luego se zambulle más hondo. En él otorgas al lector algo que tal vez haya echado de menos en los otros cuentos: tensión gradual, una acumulación de acciones y sucesos que impulsan la lectura hacia delante. Intercambiaría tu cuarto relato, El club de las vestidas embarazadas, con el primero, por varias razones: utiliza un narrador diferente (en tercera) para contar la historia de homosexuales que se visten como embarazadas para criar a “hijos” postizos. Especie de Club de la Pelea, me parece el más logrado del libro. Es un punto alto que incitaría el interés del lector por continuar, y además prepara para lo que viene, ya que en él desarrollas los principales motivos (sexo, amor, muerte, preñez, homosexualismo, travestismo) y recursos (humor, habla popular, diálogos, shock value) del libro. No pierda a su pareja también funciona, pero lo dejaría como remate. En el orden que te propongo, La Marrana Negra de la Literatura Rosa quedaría en tercer lugar, ya que su sentido del humor se agradece después del tono trágico de El corrido.  Además muestra un narrador hábil y una trama fantasiosa, que recuerdan al argentino Copi. Después de este yo pondría La Jota, que me parece un poco largo, pero creo que a esa altura del libro el lector ya tendría aprecio por tu forma de narrar. Gómez Palacio Song, una historia de venganza de un adolescente contra quien mató a su padre, lo dejaría en el mismo lugar que tú: penúltimo. Tiene un narrador, estilo y temática diferente a los que lo anteceden y al que lo seguiría, pero creo que aún tiene graves problemas de estructura y cambios demasiado bruscos en el narrador, que desconciertan y desaniman al lector, quizás por estar recién terminado. Mejor ponerlo entre dos cuentos más firmes. No pierda a su pareja me parece bien para cerrar, y podría reemplazar a La tecnoanarcumbia del alien agropecuario. Leer el texto completo »

Cuentos (in)completos 2

Cuentos (in)completos 7 Comentarios »

Va el segundo cuento incompleto, un homenaje a unos de mis escritores favoritos. Está prácticamente listo, pero no alcanzo a revisarlo, y ahora tengo que  terminar la reescritura de los cuentos del libro.

Aloysus

 

Frank para siempre

 

“We are such stuff as dreams are made on; and our little life
is rounded with a sleep
.”

William Shakespeare

    

            Yo conocí a tu padre, sentado en la misma silla que ocupas ahora. ¿Crees que el viejo estaría orgulloso de ti, Frank?

            Walker fijó la vista en el hombre sentado en su oficina. Franklin Kurt Dickinson era un criminal menor, había sido arrestado en más de diez ocasiones a lo largo de su carrera, nunca por algo grave, pero su prontuario le había significado una temporada en las principales cárceles de la Costa Oeste de Estados Unidos. Esta vez había sido diferente: un intento de robo a un banco de la STRAND, dos policías heridos y un guardia de seguridad muerto.

¿Conociste al viejo? ¿Cuánto te queda en las pilas?

Sexta renovación, me quedan dos.

Cualquier día llega la Compañía a desenchufarte.

Todos tenemos que morir, ¿no?

¿Y a mi quién me hace la actualización?

El viejo, ¿sigue vivo?

Murió en un accidente del Tubo.

Lo siento, Frank. Era un pésimo ladrón, pero no un mal tipo.

Era un mierda.

Vamos abajo. Van a abrir a tu compañera. Leer el texto completo »

Cuentos (in)completos 1

Cuentos (in)completos 5 Comentarios »

Estimados: durante el transcurso de Caza de Letras he intentado terminar nuevos cuentos que me gustaría agregar al volumen.  Algunos de ellos están casi listos, a otros les falta trabajo, pero ya que sólo quedan dos semanas me animo a postear fragmentos, para dedicarme en el tiempo que queda a rescribir los cuentos del libro.

 Como son borradores, las críticas serán recibidas con una horda de hunos a caballo y barriles de aceite hirviendo, que tal vez asusten a los más tímidos, pero que estoy seguro que no van a detener a mis comentaristas más entusiastas.

 Va el primero,  Aloysus

 

 

Cura de espanto

 

                                                               “El río corre negro esta noche, amigos míos. Miren, parece llevar al corazón de una inmensa oscuridad”

Arthur Conan Doyle

             

           Habían decapitado a una joven en el Jardín Botánico de la Isla Tejas. La isla es un pequeño atolón de tierra, cerca de la costa de Valdivia, formado después del terremoto que destruyó la ciudad en 1960. Media hora tras el sacudón más fuerte que se ha registrado en la Escala de Richter, el mar se retrajo casi cuatrocientos metros , dejando al descubierto el fondo rocoso, y luego una ola gigantesca azotó la orilla, sepultando casas y personas. Al retroceder, un pedazo de tierra quedó rodeado de las aguas de una nueva bahía. Dos años después, un magnate de la zona fundó el Jardín Botánico en el terreno, con especies provenientes de todo el país e incluso del extranjero, como un memorial a las miles de víctimas de la catástrofe. En marzo de 2001, Alicia Mardones fue encontrada en los pantanos de la isla, en uno de los sectores más apartados del Jardín.  Su cabeza colgaba de su cuello, sujeta  sólo por un par de tendones. Estaba embarazada de ocho meses. Las sospechas cayeron sobre su novio, Nicolás Kerrigan, quien había desaparecido brevemente la noche del crimen, durante una fiesta organizada en el recinto para conmemorar su primera exposición de pintura. Fue arrestado de inmediato, pero luego obtuvo la libertad bajo fianza por falta de pruebas,  aunque la comunidad entera lo sindicaba como el asesino. Leer el texto completo »

Ejercicio 6

Ejercicios, Uncategorized 14 Comentarios »

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  No sé qué me molesta más, si su misticismo barato o el tono periodístico que usa, dijo Liz Norton levantándose de la cama. Espinoza recogió uno de sus calcetines: Me extraña Liz, ¿no te das cuenta de que todo es impostado? Es un niño bien, peor que Borges.  Claro, comentó Pelletier saliendo del baño, tiene menos calle que Anna Frank. Pelletier era el único que se duchaba después de sus encuentros. Norton prefería quedarse desnuda y Espinoza se vestía de inmediato. Todo es un chiste para ustedes, les recriminó Norton, pero no nos pagan por ser comediantes. Yo estoy hablando en serio: este tipo seduce al lector mediante el desprecio, o el espanto, puros efectismos. Escribir requiere espacios y personajes reales, no caricaturas y freaks. Espinoza le tomó un pie, se llevó el pulgar a la boca y le dio un mordisco: A mí me recuerda un comic adolescente; un travestí milagroso y su compañero sin genitales, ¡mejor que Batman y Robin! Norton se apartó bruscamente: Jean-Claude, ¿le puedes decir a este payaso que se deje de morder? Pelletier se secó el pelo con la toalla, la colgó sobre los hombros de Norton. Guapa -le dijo enredando un mechón de su pelo lacio entre los dedos- sus referencias eruditas prueban su falta de erudición. No tiene un universo propio, es como si Marcel Schwob hubiera escrito Vidas imaginarias usando Wikipedia. ¿Recuerdas Deseo, Club de Campo o Constantino? Su prosa es cerebral y seca: no narra, reseña. Además, todo lo controla con el narrador, no hay diálogos ni independencia en los personajes, y poco interés por desarrollar y darles vida antes de matarlos. Sólo datos y más datos, una sucesión de hechos desnudos: eso es soberbia, pero sobre todo cobardía, porque tira la piedra y esconde la mano. ¡Pantomima!, gritó Espinoza, gesticulando como si estuviera atrapado en una caja transparente. Norton no pudo evitar una sonrisa, le aventó la toalla mojada a la cara: Por dios, Manuel, hazme el favor de decir algo inteligente. Espinoza se enderezó, sacó un par de anteojos imaginarios de su bolsillo y los colocó sobre su nariz, su mejor imitación de Pelletier: Nunca se involucra con sus historias -dijo, con acento afrancesado- ve las cosas a través de un vidrio. En La cura de Ana, por ejemplo, los animales no hacen ruido, las murallas no tienen textura. La piel de Ana no huele, tampoco la pileta sulfurosa donde se coge al médico, o las sábanas que mancha con sangre. Y peor aún: no tiene sentido del humor. Muy divertido, se quejó Pelletier, estirando la mano hacia sus calzoncillos. Norton lo detuvo. Deslizó un dedo por su cintura. Dame un beso, susurró, acercando su boca húmeda. Espinoza se desabotonó nuevamente la camisa, tiró sus zapatos hacia un rincón, forcejeando con su ropa: Me parece que debe ser eyaculador precoz -dijo mirando a Norton, que se acercaba a su entrepierna con los ojos cerrados- la mitad de sus cuentos acaban sin haber empezado, o se desinflan al final. Pelletier levantó la cabeza para poder respirar: ¿Y saben qué es lo peor? Escribe igualito a Bolaño.

Cuento ideal (continuación del Ejercicio 3)

Ejercicios 9 Comentarios »

Alfredo en cama es el último cuento del libro. Está basado en la vida real de dos músicos de jazz: Alfredo Espinoza Cabezas, un genio desconocido de Chile, y el pianista cubano Bebo Valdés.

Es el último porque Alfredo Espinoza aparece brevemente en el primero, como el tema de un reportaje que escribe el protagonista de La Antártica empieza aquí.  Lo menciono debido a que, en este cuento, se resuelve el futuro de dicho periodista, y se desarrollan algunos de los temas principales que forman parte del resto del libro.

Pido disculpas por la hora y los múltiples errores, pero el tiempo se hizo escaso.

 

Alfredo en cama


El infinito es la realidad de las cosas menos el límite

 

P. Janet.

Esto va a terminar muy mal.

Anoche me despertaron los temblores. Hasta la cama se sacudía. Sí siguen así no van a quedar más que ruinas en este país, iglesias convertidas en escombros, como los restos del Imperio Romano o el Acrópolis griego. Qué importa, sí nunca vamos a superar a los griegos. Yo lo sé, los he estudiado a fondo. Me dicen que trate de no pensar en ellos, que me hacen mal, pero qué me van a hacer si ellos están muertos y yo estoy vivo. Ya no creo en fantasmas. Mi padre, por ejemplo, se aparece en esta pieza de vez en cuando, y trata de conversar conmigo. Después de un rato se va. ¿Dónde? No tengo la menor idea, hace mucho que no se puede confiar en él.

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Ejercicio 5

Ejercicios 15 Comentarios »

El cuento eliminado anteriormente había sido La isla.

Sus palabras claves:  niños  hermanos  amistad  isla  música  curiosidad crueldad  Bach  genio  víctimas  caníbal vacaciones  terror  invisibles  sueños  pesadillas  esclavos  futuro  maravillas  prohibida

La palabra sin la cual el cuento no podría existir es curiosidad.

Alrededor de ella, surgen las siguientes:

curiosidad secreto  saber  búsqueda  obsesión  inteligencia  genio  locura  pesadilla  víctimas  suicidio

Creo que con ellas se podrían escribir todos los cuentos que componen La Antártica empieza aquí, reflejan los temas fundamentales del libro, y son  algunas de mis palabras favoritas.

La inteligencia artificial

Mi profesor me enseñó que la única actitud posible ante la vida es la de Marie Curie: buscas algo que no existe salvo en teoría, detectas una señal minúscula, la radiación de una partícula elemental; has sacrificado tu vida para encontrarla.

Yo he conocido gente así, víctimas de la curiosidad, personas cuya obsesión por el saber los arrastra a la locura, al suicidio o a una búsqueda sin fin. El flaco de la clase de estructuras, por ejemplo, prácticamente vivía en la universidad. Iba solamente a ese curso, año tras año, mientras sus compañeros se graduaban, y lo único que hacía era tomar apuntes. Jamás lo escuché hablar. Estructuras es un curso muy difícil, la pesadilla de la Facultad, pero este flaco lo repetía una y otra vez, como si ahí se escondiera un secreto que sólo él podía descifrar. Había otro, un poeta desconocido, Paulo de Jolly. Niño genio, se creía Luis XIV. Nunca lo publicaron en Chile, sólo en Costa Rica, pero vivió totalmente poseído por su personaje. Escribía versos sencillos y hermosos, cartas del Rey Sol a sus caballos, a su secretario, a sus amantes, instrucciones para arquitectos, nobles y subordinados. Se mató antes de cumplir treinta años. Pero la historia más rara que conozco sucedió hace poco. Es una historia de la vida real. Trata sobre dos jóvenes científicos, Mohander Sinh y Christopher Lenton, teóricos de la inteligencia artificial.

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Ejercicio para nominados

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La cura de Adán

A los ochenta y un años de edad, mientras se secaba el cuerpo después de la ducha, Adán notó dos grandes lesiones en su rodilla derecha. Miradas de cerca, parecían papel secado por el sol, como el pellejo descartado de una serpiente. Le llamaron la atención sus formas irregulares, y las manchas negras que aparecían en el centro si las aplastaba con la palma de sus manos. Aterrado, se vistió de prisa para no seguir viéndolas. A los pocos meses, su cuerpo entero estaba cubierto por la piel firme de un adolescente.

*

Suaves pétalos rosados, como el cutis de un recién nacido, se expandieron desde sus articulaciones. En un principio, endurecían si las acariciaba, luego se desprendían como la cáscara de un huevo, dejando su pellejo sin una sola imperfección. Adán adoptó la costumbre de usar pantalones cortos y camisas abiertas, incluso durante los meses más fríos del invierno.

*

Su dermatólogo le recetó una crema que multiplicaba el efecto de rejuvenecimiento. Durante la noche, debía frotarla sobre lo que quedaba de su dermis anterior, con un cepillo de pelos duros, raspando la corteza antigua para revelar al ser que asomaba debajo. Aplicada durante tres días, curtía su piel como la crisálida de un insecto. Al tercero rebrotaba como nueva. El esfuerzo físico aceleraba el proceso. Recuperó el vigor y sus apetitos perdidos. Al cumplir los ochenta y dos años, cuando ya sólo sus manos eran las de un anciano, sus hijos lo ingresaron al Centro.