Aloysus Acker
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La antártica empieza aquí, por Aloysus Acker Estimado Aloysus: Decidí comentar tu libro sin detenerme en sus influencias (y menos todavía en aquella que tanto se ha mencionado) porque tu propósito, sin duda, es que los lectores reconozcamos ...
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Ejercicio 4

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Imago Mundi

 El soldado no alcanza a limpiar la sangre de sus ojos: ya puede oír el cacareo de las Parcas.

 Cloto, la menor, guía a sus hermanas con el ojo que comparten, mientras Décima descuelga el hilo de la rueca y se lo ofrece a Morta, la inflexible, que lo aprieta bajo su único diente. Riendo, ofrecen prolongar su vida si puede describir la forma del Cosmos.

 El orbe –dice el soldado– está construido sobre un volcán de hielo. Es el Monte Olimpo, la más alta y sagrada de las montañas. Prohibida a los hombres, en él sólo viven los dioses, y aquellos tocados por el fuego de la locura. Su lava otorga la vida y determina los movimientos que rigen al planeta. En el comienzo de los tiempos, desde sus faldeos se elevaba una gran cordillera, habitada por profetas, pero su tamaño rivalizaba con el Olimpo, razón por la cual Júpiter allanó el espacio para dar cabida a una región umbría, oscura, de morfología fragmentada, un pequeño pantano resguardado por mujeres cocodrilo, para mantener la armonía entre los hombres y los dioses. Ahora, al agua del pantano sigue el aire enrarecido de la cordillera, que provoca visiones en quienes se atreven a escalarla. Desde ahí comienza la planicie de Constantino, un territorio sin grandes relieves, una región antigua, erosionada por el tiempo. Empequeñecida por el paisaje circundante, cada año se hunde más bajo el nivel del mar. Desde su relativa profundidad nacen las lomas fértiles del campo, pobladas de caballos salvajes y manadas de perros asesinos, que cabalgan libremente hasta llegar al desierto. Sus dunas se elevan sobre un antiguo lago, isla de agua cubierta de arena traída por el viento. Aún en formación, hierve en fuego y música, su corazón conectado subterráneamente con el volcán en la distancia. Más allá, en Finnis Térrea, el desierto da paso a una nueva montaña, imagen espejo que rivaliza con la morada de los dioses. En sus alturas duermen los titanes. Esperan la muerte de una joven, que dará inicio al fin del mundo.

 Leyenda para ciegos

La Antártica empieza aquí – Deseo – La cura de Ana – Constantino – Club de Campo – La isla

La Antártica empieza aquí – La cura de Ana – Deseo – Constantino – Club de Campo – Alfredo en cama – Cura de espanto

Ejercicio 3

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Ballad of a Thin Man

Todo ocurre simultáneamente: sales de tu casa, entras a una librería, pierdes la perspectiva real de las cosas. Mil personas se pelean las copas de un cóctel exclusivo.

A los pocos minutos entra un tipo muy delgado. Se quita los guantes y el abrigo: su olor rancio invade el lugar. Aunque su traje es fino, le queda varias tallas grande, y cuelga directo de sus huesos. Mantiene sus pantalones sujetados con una mano. Con la otra, roba una copa de una bandeja y se dirige hacia mi. Tiene que arrastrar los zapatos para que no salgan de sus pies, como un niño que juega con ropa ajena. Acaba su copa, la guarda en un bolsillo y sonríe: no le queda un sólo diente en la boca.

Siento haber llegado tarde, dice, pero tuve que cambiarme a último minuto.

Antes que pueda responderle, cruza los pies y gira en redondo. Golpea sus tacones como un militar, apunta hacia los mozos con un lápiz grafito, y luego se esconde detrás mío, con la vista fija en la entrada.

Las mujeres siempre se atrasan, le digo por comentar algo.

Me mira y se retuerce de la risa. Deja caer el lápiz al suelo. Se agacha para recogerlo, pero se arrepiente a mitad de camino. ¡Por dios –grita– acaso estoy solo en este lugar! Toma impulso y patea el lápiz, su zapato sale disparado por el aire. Sin quitarle los ojos a la multitud que retrocede ante nosotros, se acerca a mi oído y susurra: Aquí cualquiera se hace famoso.

Los mozos se reúnen en una esquina. El más grande exige nuestras invitaciones. Con una reverencia, el hombre saca la mano de su bolsillo y produce dos entradas. El bruto las abre y acerca a su cara. Miro nervioso a mi compañero, pero él me guiña un ojo: al reverso del sobre, entre los gruesos dedos del mozo, veo diminutas manchas de sangre.

Ejercicio 2

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Los Vigilantes: fragmentos del Libro de Enoch

 ¡Adonai Eloheinu! La verdad no conoce progreso, el saber rebrota como una fuente, pero la ciencia de los gentiles ha olvidado el nombre de los caídos: los monstruos Liwyathan y Behemoth, y los hijos de Lilith: Araqiel, Râmêêl, Kokabiel, Tamiel y Dânêl. Liwyathan, serpiente acuática, duerme bajo el hielo antártico. En su pecho esconde un tesoro que atrae a los hombres, de su boca brota la luz que ciega. Al final de los tiempos, se levantará a jugar con el Creador sobre las ruinas del mundo. Su gemelo terrestre es Behemoth; dragón andrógino, encarnación del deseo y el dolor. Por seducir a dos profetas, recibe como castigo golpes sobre su espalda; sus cicatrices se confunden con valles y cordilleras. Araqiel es un demonio con piel de cocodrilo. Sus virtudes son la inmovilidad y el silencio; atrae a los hombres con su rostro de mujer, ofrece una salida, una cura para cualquier mal del cuerpo: es la Muerte que crece en su estómago. Râmêêl, Rey de Sombras, guarda el fuego secreto. Vive como escorpión en una isla de arena, visita niños en sus sueños. Quien lo ve conoce a sus dos hijas: Verdad y Locura. Kokabiel habita los mundos subterráneos, su cuerpo es un agujero vacío. Su piel es blanca, sus cabellos rojos; ofrece placer a cambio de dinero. Tamiel y Dânêl son sombras más veloces, no posan sus pies en la tierra. Siameses unidos por una cabeza de feto, tienen torso de perro y cola de caballo. Su naturaleza también es doble: la risa y el llanto, el nacimiento y la muerte.

 Hijos inmortales del Árbol de la Vida, estas bestias ignoran el bien y el mal. Para  invocar y describirlas se requieren dos sefirá, de las diez que emanan de Dios: Biná (inteligencia) y Gevurá (estrategia). Para describir un mundo, Jojmá, Tiferet y Jese:  sabiduría, forma/belleza y compasión.

 Rabi Baal Shem Tov

Ejercicio 1

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Islas en un mar de hielo

La primera es el escenario de un juego de niños: cuatro hermanos sueñan con visitar La Isla prohibida por sus padres. Uno se atreve: cambia para siempre. El niño crece y compone la música que se escuchará en el sótano de Constantino, prostituto chileno perdido en Holanda, país hundido bajo el nivel del mar. Las fotos que Constantino utiliza para contactar a sus clientes recorren las olas de la Web; las encuentra Julieta, en Club de Campo, relato que comienza con la muerte y acaba en una cabalgata enloquecida, pero que se hunde en las aguas por ser un ejercicio incompleto. Su espacio es llenado  por dos roqueríos: Cura de espanto, la historia de una joven periodista que viaja a investigar el crimen de una mujer decapitada en el Jardín Botánico de la Isla Tejas, y Alfredo en la cama, el viaje delirante de un genio del saxofón atrapado en el laberinto de la esquizofrenia. En el centro del archipiélago hay un volcán: La Antártica empieza aquí cuenta la historia de un periodista tras las huellas de un poeta desaparecido, ex miembro del Ejército chileno, quien guía una expedición suicida al continente blanco. Desde allí se eleva la Cordillera de los Andes: a sus lados, en los islotes de Argentina y Chile, dos escritores primerizos redactan -sin saberlo- el mismo cuento: la historia de Deseo, figura milagrosa que nace en el mundo de la prostitución para convertirse en la Santa de los Travestis. Cayendo fuera del mapa, en una isla deshabitada, existe un Centro de tratamiento para pacientes terminales, en el que se busca La Cura de Ana.

Sueños de Hokusai

Japón, 1815 en la ciudad de Edo: el pintor Katsushika Hokusai sufre pesadillas. Ve una enorme ola de hielo alzándose sobre el archipiélago nipón: en su superficie camina un grupo de hombres, siguen los pasos de un loco. La Antártica empieza aquí, susurran al pasar. La ola rompe, destruye Hokaido y Honshu, sepulta a las parejas que toman sol en las playas de un Club de Campo. Desde el agua surge otra Isla; en sus orillas, cuatro hermanos dibujan formas en la arena, un hombre con cabellos rojos, desprovisto de genitales, que llaman Constantino, y Deseo, una virgen con pechos y pene, de cuyos ojos brotan lágrimas de sangre. A sus pies se postran dos figuras suplicantes; una niña decapitada y una joven que la abraza, piden a gritos una Cura de Espanto.

Hokusai despierta, sacude las visiones de su pesadilla, se dirige a la bahía. Sentado en su barca, ve los mendigos que habitan el centro de tratamiento abandonado La cura de Ana. Toma sus pinceles, dibuja a su hijo Alfredo en la cama, empuñando una flauta de madera. Rompe la tela con disgusto. Dibuja la silueta de una golondrina, la rama de un cerezo. Cierra los ojos y ve la ola sobre su cabeza, dos pequeños botes se sacuden en sus aguas.

Bienvenidos al desierto de lo real

Presentacion 1 Comentario »

Noticias desde el fin del mundo, Finis Terrea, como le decían los conquistadores a Chile durante la Colonia, país en el que estoy momentáneamente detenido:  hace una semana se suicidó el hijo del comentarista deportivo más popular y querido del país. Saltó desde un departamento en un décimo piso. Tenía 32 años y -al igual que su padre- era colorín, como le dicen aquí a los pelirrojos. Encontraron algo parecido a una nota suicida en su motocicleta. Vean Into the Wild, dice la carta dirigida a su familia, en la cual también pide que cremen su cuerpo y esparzan sus cenizas sobre Santiago, una cuidad construida entre los valles formados por la Cordillera de Los Andes y la Cordillera de la Costa, parecido levemente al valle de Oaxaca.

La teleserie del momento, que se transmite por Televisión Nacional, trata sobre una niña que es raptada y violada por su tío y luego asesinada por su tía. Se llama “¿Dónde está Elisa?”. Por la mañana, mientras camino por la ciudad, veo la pregunta repetida en los carteles de los buses, en las paradas del metro, en revistas, diarios y gigantescos paneles de publicidad sobre los cerros, ¿Dónde está Elisa? ¿Dónde está Elisa? ¿Dónde está Elisa?

Far away, far away, are not all lovely things far away?

Lou Reed, The Valley of Unrest

Aloysus Acker

Biografía 2 Comentarios »

Aloysus Acker nació en Rotterdam, Holanda, en 1974. Mide un metro y cuarenta y cinco centímetros. En los últimos años, se ha sometido a dos tratamientos diferentes para aumentar su altura: una terapia con hormonas y el estiramiento de los huesos de sus piernas  mediante una serie de micro-fracturas expuestas, separadas por varas de metal, técnica inventada en Rusia por el doctor Gavriil Abramovich Ilizarov , la cual se puede observar en el protagonista de la película de ciencia ficción Gattaca.