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La antártica empieza aquí, por Aloysus Acker Estimado Aloysus: Decidí comentar tu libro sin detenerme en sus influencias (y menos todavía en aquella que tanto se ha mencionado) porque tu propósito, sin duda, es que los lectores reconozcamos ...
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Agujeros (Ejercicio para nominados)

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Soliloquio de Vera, co-protagonista de “Espejismos en un tren”

AGUJEROS

Hay un agujero en el bolsillo interior del abrigo de paño azul marino, el que me cedió mi madre, orgullosa de la hija que se iba a estudiar a la capital: “Vera, debes ir siempre bien arreglada”.

Me enferma pensar lo que ha podido suceder con los ahorros que guardaba en ese bolsillo. No quiero creer en una última felonía de Daniel, pero aunque he retirado el forro con todo cuidado, sigue sin haber rastro de los billetes. Sin embargo han aparecido otros objetos que debieron escaparse por los descosidos de los bolsillos laterales: tres monedas, un broche, un billete de tranvía.

Es curioso que las monedas sigan brillantes. Quizá fueron las primeras en deslizarse por lo que entonces era un diminuto agujero sin importancia. El broche, en cambio, ha perdido su color dorado y parece una baratija. Al principio las piedras engastadas refulgían como brillantes; me deslumbraron tanto como la sonrisa de Daniel cuando dijo que era la más hermosa de las alumnas de secretariado, que me invitaba a un café y que no aceptaba una negativa.

Y yo, estúpida de mí, me dejé engañar por esa sonrisa y sus besos en la mano antes de abandonar mi cuarto en la pensión. Fue en la última disputa cuando me arranqué el broche de la solapa del abrigo y lo guardé con rabia en el bolsillo agujereado. El billete de tranvía nunca llegué a usarlo. Tras esa discusión me tragué el orgullo que nunca debí abandonar y seguí a Daniel, temiendo que no cumpliera su promesa de darle apellido a la criatura que esperaba. Pero me impidió subir con él al tranvía, tachándome de desconfiada. Cedí una vez más cuando regresó esa noche. Aún sonreía, el muy cínico, al despedirse al amanecer.

Han pasado tres semanas y no he vuelto a saber de él ni del dinero. No hay nada en los bolsillos o en el forro del abrigo; sólo ocultan la vergüenza que me impide regresar a casa. Me consuela pensar que, al menos, he remendado los agujeros, pero ya es demasiado tarde: todo mi mundo ha desaparecido tras ellos.

Un personaje, dos puntos de vista (Textos al margen 2)

Textos al margen 3 Comentarios »

En este caso, mi experimento fue para comprobar los datos qué pueden aportar diferentes puntos de vista,  centrados en describir a un mismo personaje. El elegido fue el protagonista de uno de mis relatos (no está en la antología de Supervivientes) y para ello hice dos versiones: un narrador en tercera, y un narrador en primera.

Espero vuestras impresiones y gracias!

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Narrador tercera persona (Textos al margen 1)

Textos al margen 8 Comentarios »

Rescato uno de los experimentos que estuve llevando a cabo estas semanas pasadas acerca del narrador. En concreto, este fragmento se corresponde con el inicio de una novela que llevo trabajando mentalmente desde abril y que acabo de empezar a redactar, probando diferentes enfoques. En este caso, elegí la tercera persona, aunque la cámara está en el ojo de Paula.

Todo comentario es bienvenido y, además, hay premio para quién adivine en qué estación de trenes transcurre toda la acción.

Sin más preámbulos, he aquí el inicio:

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Sandoval (Ejercicio 3)

Ejercicios 9 Comentarios »

 

—¡No le hagas daño!

Librería Sandoval, cinco de la tarde y pocos clientes: una mujer leyendo las últimas novedades, un barbudo admirador de Kafka, un chico en el pasillo paralelo al mío. Oigo al joven que se detiene y rasga el plástico protector de un libro, desvirgando sus hojas con violencia. Cómo odio que maltraten los libros.

Me acerco a él por detrás. Lleva cazadora negra, jeans y el cabello castaño despeinado sin intención. Al inclinarme veo sus manos temblorosas sobre las páginas. El flequillo se le pega a la frente y unas lágrimas de sudor se escapan hacia las patillas.

De repente, sus ojos se agrandan en las cuencas y cierra el ejemplar con un golpe seco, tirándolo sobre sus hermanos de imprenta. Lo tomo mientras él se aleja: es un libro de fotografías en color.

—¿Se encuentra bien?

Al final del pasillo el barbudo interpela al chico, que ha enterrado el rostro entre las manos.

—Creí… he creído verla… sólo necesito un momento.

Regresa, busca el libro y me lo arrebata sin miramientos. El ejemplar vuelve a sufrir su rudeza.

—¡No le hagas daño!

No he podido contener el grito y él me contempla espantado. Pero ya es tarde: acaba de mancillar la página donde una chica pelirroja sonríe feliz.

Informe acerca de la especie relatística “Supervivientes” (Ejercicio 2)

Ejercicios 1 Comentario »

La especie consta de veinte ejemplares antropomórficos de constitución menuda, con un promedio de treinta centímetros de altura. El análisis de sus células-palabra revela que son pluripotenciales, lo que explica la capacidad de regeneración de las mismas y las mutaciones detectadas en los ejemplares más jóvenes.

Esta especie habita en pantanos sombríos, húmedos y aislados. Necesita del medio acuático para subsistir, ya que su dieta básica son las raíces de nenúfar. Debido a una atrofia muscular “Invisible” es el único ejemplar que no logra bucear con facilidad.

Las criaturas de más edad y tamaño -”Plagiador”, “Distancia” y “Camellero”- están cubiertas de un pelaje abundante y espeso. Se mueven con lentitud debido al sobrepeso, por lo que tienden a situarse en la retaguardia cuando el grupo se desplaza. Hay diez ejemplares de edad intermedia, de vello más fino, que asumen el liderazgo del grupo. Son veloces gracias a su potente musculatura y a la adecuada proporción entre altura y peso. Los siete más jóvenes presentan una delgadez generalizada y algunas peculiaridades como la coloración del vello (los albinos “Apátridas” y “Persecución” que poseen un menor desarrollo) o la desaparición de un metatarso (“Luces”). “Vida”, “Niño”, “Campo” y “Varadero” necesitan un aporte vitamínico para compensar el “estirón”. Pese a ser los más ligeros, viajan en medio de la manada.

La hipótesis que distingue los ejemplares relatísticos de los novelísticos asocia estos rasgos a los primeros: pequeño tamaño por causas genéticas, crecimiento acelerado que se detiene en la etapa de conflicto vital, inexistencia de órganos superfluos y, a nivel comportamental, vinculados en general a una única actividad y hábitat. Por otro lado, los segundos presentan ritmos de crecimiento más pausados, sufren varias crisis a lo largo de su vida, manifiestan una notoria evolución en su carácter y, frecuentemente, nomadismo. Alcanzan una complexión y altura mayores, que nunca es fruto de un tratamiento de engorde texthormonal aplicado a un ejemplar relatístico genuino.

El Gran Cartógrafo y el Mapa Azul (Ejercicio-Relato)

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Hay tres modos de recorrer el archipiélago de los Supervivientes, pero ni siquiera el Gran Cartógrafo conocía las instrucciones de la tercera vía.
Las veinte islas, unidas por un hilo imaginario, dibujaban una espiral de tres vueltas. En el epicentro se hallaba isla más antigua; en el extremo, la isla que emergió en último lugar.
El primer modo de recorrer este archipiélago era partiendo de la isla primigenia y central, “El plagiador de lápidas”, de vegetación feraz y extensión ambiciosa, prosiguiendo por los cinturones de islas hasta llegar a “La persecución”, un islote diminuto, poblado de aristas y cortado a pico. Una opción aceptable con fines de estudio evolutivos, pero no lúdicos.
La segunda forma, como no podría ser de otro modo, era la involutiva, viajando desde el extremo de la espiral hasta la isla que se encontraba en su centro. Poseía un interés mayor, ya que los descubrimientos eran más sugerentes, pero se podía pedir más.
Por ese motivo, el Gran Cartógrafo se alegró de un modo singular cuando llegó hasta sus manos el Mapa Azul. Partiendo del islote de Carlota, la niña que liberta sombras, fue saltando de isla en isla de la espiral, de atrás hacia delante, de regreso hacia atrás. Disfrutó del contraste que facilitaba la reducida dimensión de los islotes, pero observando al mismo tiempo las caprichosas formas de las rocas- urbes, trenes, campos de girasoles- y a sus moradores, hacia los que sintió la afinidad de los que alguna vez han formulado un deseo sin respuesta. Y cuando había recorrido todas las islas e islotes, llegó a la del plagiador de lápidas, que le recibió al término de su viaje con una sonrisa y una gastada libreta en las manos.
Así que le pidió a la autora del Mapa Azul que le permitiese publicarlo, para que otros compartiesen su viaje. Y por eso hoy estás leyendo esto.

Las islas-relato (Ejercicio)

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Cada una de las islas-relato de Blue ha surgido de la explosión de un mismo magma volcánico: la angustia existencial, y sus habitantes-personajes se han contagiado de este sentir, expresando de diversos modos una supervivencia particular: vivir a pesar de la vida.
Las islas del archipiélago fueron emergiendo escalonadamente a lo largo de tres años, pese a lo cual (o, más bien, debido a ello), se pueden apreciar diferencias entre las mismas. Las antiguas son más grandes y se cubren de frondosa vegetación, mientras que las recientes exhiben una impúdica desnudez en sus cuatro pasos de diámetro.
En el fondo del océano se adivinan islotes experimentales que no llegaron a desbordarse y, también, sí, hay una isla extraña, receptora de un eco que no le corresponde y que se estrella sin fuerza en sus acantilados rocosos: “Invisible desde el trópico”. Aunque una poetisa vertió el bálsamo de sus versos sobre las grietas del islote, su desmedida rapidez en crecer le impidió cerrar con acierto sus heridas, ensombreciendo la promesa de personalidad de sus dos moradores. Por ese motivo considero que puede ser eliminada.
Siempre hay lugar para nuevas islas puesto que el magma no se agota, sólo se manifiesta cada vez de un modo diferente; el archipiélago, sin embargo, está completo en sus intenciones.

Saludos azules

Bienvenida 10 Comentarios »

Saludos azules a todos:

Espero que no consideréis mi presencia aquí como la de una diablesa aburrida en su eternidad que no ha tenido más ocupación que aterrizar en este Virtuality Literario. Digamos, más bien, que mi olfato de narradora de historias me ha traído hasta aquí, tentada por su agradable aroma.

Espero compartir textos y pretextos para estar con vosotros mucho tiempo.

Blue

Biografía Comentarios desactivados

Hay ángeles negros y diablos azules. Los primeros perdieron el paraíso, los segundos se redimieron de su infierno. Malditos unos y otros para los de su especie.
Existe la leyenda acerca de una diablesa azul a la que tentaron con la promesa de crear. Traicionó a los suyos y se encontró con una bolsita en la mano. Contenía veintinueve caracteres extraños, grabados en dados de madera. Su tentador le explicó que con ellos podía crear “palabras” y, combinándolas, oraciones que dieran lugar a “historias”. Así que la diablesa comenzó a jugar con las piezas; tenía toda una eternidad por delante.
Ésta es mi historia, la historia de Blue. En mí resuena, con dolorosa certeza, aquella famosa imprecación: “¡Escribid, escribid malditos!”