Agujeros (Ejercicio para nominados)
Ejercicios 5 Comentarios »Soliloquio de Vera, co-protagonista de “Espejismos en un tren”
AGUJEROS
Hay un agujero en el bolsillo interior del abrigo de paño azul marino, el que me cedió mi madre, orgullosa de la hija que se iba a estudiar a la capital: “Vera, debes ir siempre bien arreglada”.
Me enferma pensar lo que ha podido suceder con los ahorros que guardaba en ese bolsillo. No quiero creer en una última felonía de Daniel, pero aunque he retirado el forro con todo cuidado, sigue sin haber rastro de los billetes. Sin embargo han aparecido otros objetos que debieron escaparse por los descosidos de los bolsillos laterales: tres monedas, un broche, un billete de tranvía.
Es curioso que las monedas sigan brillantes. Quizá fueron las primeras en deslizarse por lo que entonces era un diminuto agujero sin importancia. El broche, en cambio, ha perdido su color dorado y parece una baratija. Al principio las piedras engastadas refulgían como brillantes; me deslumbraron tanto como la sonrisa de Daniel cuando dijo que era la más hermosa de las alumnas de secretariado, que me invitaba a un café y que no aceptaba una negativa.
Y yo, estúpida de mí, me dejé engañar por esa sonrisa y sus besos en la mano antes de abandonar mi cuarto en la pensión. Fue en la última disputa cuando me arranqué el broche de la solapa del abrigo y lo guardé con rabia en el bolsillo agujereado. El billete de tranvía nunca llegué a usarlo. Tras esa discusión me tragué el orgullo que nunca debí abandonar y seguí a Daniel, temiendo que no cumpliera su promesa de darle apellido a la criatura que esperaba. Pero me impidió subir con él al tranvía, tachándome de desconfiada. Cedí una vez más cuando regresó esa noche. Aún sonreía, el muy cínico, al despedirse al amanecer.
Han pasado tres semanas y no he vuelto a saber de él ni del dinero. No hay nada en los bolsillos o en el forro del abrigo; sólo ocultan la vergüenza que me impide regresar a casa. Me consuela pensar que, al menos, he remendado los agujeros, pero ya es demasiado tarde: todo mi mundo ha desaparecido tras ellos.




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