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La antártica empieza aquí, por Aloysus Acker

Apreciaciones, Jurado: Alberto Chimal Comentarios »

Estimado Aloysus:

Decidí comentar tu libro sin detenerme en sus influencias (y menos todavía en aquella que tanto se ha mencionado) porque tu propósito, sin duda, es que los lectores reconozcamos tu voz y no la de otros en tus textos. Aquí va:

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El caso de Mahout

Jurado: Martín Solares 1 Comentario »

Estimado Mahout,

Antes de que termine el concurso, quería enviarte una segunda carta comentando la totalidad de tu libro en proceso. De entrada te felicito por el impulso que tienen todos tus relatos: la mayoría arrancan con una vitalidad impresionante y de colega a colega creo que a fin de que tu libro constituya una pieza inolvidable e inobjetable desde cualquier punto de vista, valdría la pena que pulieras algunos detalles.

Estarás de acuerdo conmigo en que hay que evitar las repeticiones innecesarias. Hay ocasiones (sobre todo cuando tus narradores hablan en primera persona) en que repites dos o más veces un tema que ya habías expuesto. Si tu lector tiene la impresión de que lo obligas a pasar varias veces por el mismo lugar sin darle algo sustancial a cambio, tendría derecho a solicitar que elimines esos ripios. Por poner dos ejemplos: las rupturas entre la protagonista de “La jota de Bergerac” y el beisbolista; la entrada de Damián a los clubs, páginas 54 y 57. Estas repeticiones de tus narradores funcionan como desviaciones innecesarias en la ruta bien trazada que tienen el resto de tus cuentos.

Otro asunto que vale la pena revisar es la lógica de tus relatos. Las acciones deben parecer la única opción posible para los personajes, y en ciertos relatos aún no terminas de construir el ambiente o los argumentos necesarios para que el lector crea en los impulsos que mueven a tus criaturas. Ninguno de los argumentos que ofreces para justificar la entrada de Damián en el club de las embarazadas, por ejemplo, es lo suficientemente sólido. ¿No deberías indicar que la ebriedad llevó a Damián a entrar por primera ocasión –o buscar una excusa mejor, que te permita ahondar en el conocimiento de este personaje? Tal como está ahora, dicha justificación resulta inverosímil, y para que una situación divertida se sostenga, las razones que mueven a los personajes involucrados deben ser inobjetables.

La falta de verosimilitud en algunos giros de las tramas es otro asunto a revisar. Es un poco inverosímil que Alexia ocupe un lugar en el estadio o junto a las esposas de otros jugadores. ¿No funcionaría mejor que esto se limite a ser una promesa de Wilbur o una fantasía del travesti? Otro asunto que debes hacer más creíble es el origen de su apodo: es demasiado literario para la zapatería en la que él trabaja. ¿Por qué no lo atribuyes a algún novio o colega con aspiraciones literarias, o aficionado al cine?

Por otro lado, hay un momento en que algunos de tus cuentos corren el riesgo de perder la dirección certera que llevaban y que estás a punto de dejarlos amorfos e inflados innecesariamente, a medio camino entre el cuento clásico y la novela corta. Donde más se nota esto es en “La jota de Bergerac”: se siente que el relato se expande de más, que hay algo de helio narrativo a depurar. Creo que deberías realizar una última revisión que te permita eliminar las repeticiones y condensar tu intención original, a fin de conseguir un libro implacable y redondo.

Sin embargo, la cuestión que deberías afinar con la mejor disposición posible es la costumbre que tiene este narrador de pontificar y exponer sus ideas sobre el mundo, en lugar de contar los hechos de esta trama. A diferencia de otros que has creado, me pareció que vacilaba, que no avanzaba con la misma seguridad que otros de tus narradores, y me parece que esto se debe a que nada envejece tan rápido como nuestras ideas sobre la moral. Revisa los primeros relatos de algunos escritores de principios del siglo pasado y verás cuán precámbricas nos parecen sus opiniones sobre la sexualidad. Más que adoptar una posición concreta y defenderla, la virtud de tus cuentos es que se interesan por algunos de los personajes más inesperados, extraños y divertidos que haya visto en mucho tiempo, y consiguen humanizarlos y hacerlos creíbles, de manera que su suerte nos interese. En cambio, si los invitáramos a un coloquio sobre sexualidad, dudo que ocurriese lo mismo con las ideas de estos últimos: sus aventuras son más interesantes y originales que sus ideas sobre el mundo, que resultan bastante estrechas. Un narrador con una garra como la que eres capaz de desplegar debería proponerse saltar sobre algunos de los estereotipos más difundidos sobre hombres y mujeres.

II

A fin de que termines de pulir el diamante hice una lista de detalles que no estaría mal revisar en algunos de tus cuentos… Las virtudes tú ya las conoces, así que me concentro en lo que me pareció perfectible.

En cuanto a los detalles menores respecta, me parece que el primer cuento, “No pierda a su pareja por culpa de la grasa” funciona para abrir el libro en la medida en que establece cuál será el tono, los ambientes, temas y los recursos que van a predominar, pero también podría funcionar en su sitio “El artista zen…”, donde muestras el talento con que puedes emplear otros recursos, sin perder la seguridad de tus mejores relatos, y se vislumbra un tono que podría ir por el camino de una novela corta muy redonda –lo cual quizás no se vería mal en tu libro. Por otro lado, sería mejor que el tema de la adicción del narrador a la cocaína apareciera en las primeras páginas, no más adelante, pues tal como lo presentas ahora la introducción de ese tema toma por sorpresa al lector: parece caprichoso, matemático, y no se le cree a tu narrador. Para evitar ahuyentar a algunos lectores, te sugiero que lo insinúes desde las primeras líneas.

El segundo final de “No pierda a su pareja…” funciona mejor, en efecto, pero creo que das demasiadas explicaciones en los últimos tres párrafos. ¿No son demasiados detalles crueles contra la mujer en la cárcel? Bastaría uno solo, terrible, para darle el destino que se merece (condenarla a dieta de tamales –que parece importarle más a ella- o la visión del bebé, pero no necesariamente ambos). También tuve la impresión de que podrías indicar antes del final los planes del protagonista hacia su madre, y que la frase definitiva podría ser “Quería una rinoplastia”, ya que lo explica todo.

En el segundo relato, “La jota de Bergerac” otra vez tienes un personaje al cual la perspectiva de una operación estética lo pone en conflicto, pero a diferencia del anterior, aquí el travesti tiene motivaciones poderosas para entrar al quirófano.

El problema es que a diferencia del primero, en “La jota…” falta la sensación de haber leído un buen final. Tal como está, uno tiene la impresión de que la historia no ha concluido, sino que fue abandonada, y que podría seguir y seguir. Por favor piensa esto en beneficio de tu cuento.

Si estuvieras de acuerdo en re trabajarlo, una de las vías posibles consistiría en fortalecer esa carrera contra el tiempo que acicatea a tu personaje. Esto me imagino que puedes conseguirlo si identificas todos los temas que están presentes en esta versión de tu relato y consigues darles un mejor orden –que no excluye una última reescritura. Por ahora, ciertos temas no parecen encontrarse en el mejor lugar posible. En algunos casos transmiten la sensación de que los publicas en el orden en que los imaginaste, cuando pudieron haber ocupado un lugar más certero en la narración.

“El corrido del eterno retorno” tarda en encontrar el mejor rumbo. Oscila demasiado entre dos temas: la falta de sexo en una pareja, y la presencia casi física de la muerte como personaje. Si deseas reescribirlo, quizá sería conveniente también que en “El corrido del eterno retorno” te decidas por uno de los dos. Tengo la impresión que es más interesante el ángulo fantástico que el realista, y quizá sería mejor que plantees desde el inicio que el marido vio a la figura de la muerte. Este tema podría contribuir a que el cuento comience con un mayor impulso. Por otra parte, falta resaltar por qué la tía Myrna generó tanta simpatía en la narradora, y ojo con la historia de la tía: donde se encuentra ahora funciona más como una digresión novelesca que como la información que requiere estar diluida en tu cuento para que el remate funcione. Pareciera que tu narrador divaga. Si la biografía de la tía resulta indispensable, harías bien en sintetizarla.

En “El club de las vestidas embarazadas” sobran algunas de las palabras que empleaste al describir la técnica de inseminación: es evidente que investigaste y supiste sintetizar ese procedimiento, pero no es necesario que emplees determinados vocablos que no aportan mucho: decir que la madre esperó en posición “ginecológica”, por citar un ejemplo, no termina de construir una frase divertida y tampoco dice gran cosa.

Hay dos momentos en los que tuve la sensación de que en lugar de hacernos vivir la situación que contabas, tu narrador exponía un resumen de la misma: cuando Carmen contrata un detective para que siga a su marido (asunto que tu narrador despacha en 2 líneas, sin hacerlas creíbles: ¿por qué no eliminas este tema, que por otra parte no conduce a ningún lado al cuento?), y en el remate del mismo. Creo que más que subrayar que efectivamente es el esperma de Ordóñez lo que preñará a Carmen (lo cual resulta previsible, se ve venir el truco desde que ella descubre por su parte el club de las embarazadas) sería conveniente que encontrases otro modo para indicarlo. Al margen: ¿no sería mejor que el detective, en caso de que decidas quedarte con él, sea quien le indique a Carmen la existencia no del bar de los martinis, sino del club de las embarazadas?

También hay líneas donde se advierte cierto afán de criticar la moral de tus personajes, que al no provenir de un personaje concreto, parecen venir directamente de tu boca. En mi opinión, tomar una posición moral en este caso no ayuda en nada a tu libro. Como cuando escribes: “Y nada emputecía más a Carmen que sorprender a su esposo jalándosela a escondidas.  Pero ella se comportaba de la misma manera. Se elaboraba una puñetota mental con la idea de embarazarse.” La primera frase te permite presentarnos con una sola imagen la personalidad de Carmen, pero la segunda frase parece surgir de la nada. Sugiero eliminarla o atribuírsela al sufrido esposo.

Otra frase de contenido moral que no aporta mucho: “La verdad es que la aparición de un vástago no modificaría en nada su vida vacua. Es irresponsable depositar nuestros conflictos sentimentales en un recién nacido. La verdad es que un hijo no sirve ni siquiera para asistirnos en la muerte.”

Tengo la impresión que el cuento sería mejor si lo contases en primera persona, esforzándote por crear una nueva personalidad verbal para alguno de los dos protagonistas. O por un tercer narrador menos pontificio, que ofrezca ideas, no ideología.

Agradecí que publicases la nueva versión de “Gómez Palacio song” en tu blog. El desarrollo es de los más logrados que has publicado aquí, y definitivamente, te aconsejo incluirlo en tu libro. Me parece que deberías revisar con calma no tanto el uso de la técnica del contrapunteo al final de tu cuento, sino qué tan necesaria es la oscuridad que se genera al final (hay detalles, relaciones entre personajes especialmente, que no quedan tan claras). La posdata final, donde se ve el destino del niño, quizá fuera pertinente resumirla y presentarla con una prosa más contundente, similar a la que empleaste en el resto del relato.

Un detalle: El comentario del taxista sobre los Hamptons ¿no es demasiado intelectual para el perfil de este personaje? Quizás quedaría mejor si se lo atribuyes a Alberto o al narrador.

Por otro lado, ni “Yokonización” ni su nueva versión, la del alien agropecuario, funcionan como remate del libro. A los narradores hay que exigirles que digan lo que tienen que decir en el menor número de líneas posible y tú le permites demasiados devaneos a la voz de la narradora; hay que impulsarlos a construir una lógica impecable para el relato, y los argumentos con que justifican el dejar al niño down entre los ejidatarios son muy poco creíbles.

El tono de la narradora es predecible: tu intención, que debería revelarse en las últimas líneas, se deja entrever a medida que insistes en que el Alien es virgen. Además, las motivaciones que tiene la narradora para acostarse con el músico aparecen hasta el final y de manera caprichosa, no hay un trabajo constante y discreto a lo largo de la historia, a fin de que su decisión nos parezca ineluctable.

En lo personal, estoy convencido de que hay cuentos e incluso frases que nos van a obsesionar hasta que encontremos la manera de ordenarlas, de darles el mejor lugar posible en lo que estamos escribiendo. De colega a colega, y con todo respeto, me pregunto si no harías bien en guardarlo por un tiempo y pasar a otros temas donde ya has demostrado tu inmenso talento.

“La marrana negra de la literatura rosa”, en cambio, es de los mejores relatos del libro: allí concentras, sin repeticiones, lo mejor de tus temas y recursos: la voz en primera persona, el sentido del humor, el punto de vista no heterosexual pero sin militancias retóricas, la facilidad para crear personajes interesantes, etcétera. Un único detalle: el suicidio de la marranita ocurre demasiado deprisa. Creo que como ocurre con los grandes actores, merecía una última línea donde diera lo mejor de sí misma, incluso una frase de adiós. Su final feliz es de los mejores del libro, acaso el mejor logrado, con su estupenda última frase. ¿Por qué no dejarlo como gran final de tu proyecto? Con un remate tan afortunado, el lector tendría recuerdos muy gratos de ti como narrador.

Si no olvidas terminar e incluir “El autista zen”, tu libro ganará una mayor solidez. Como sea, quiero decirte que quizá podrías publicar el libro tal como está, pero que sin duda te conviene pulirlo en los ángulos que se te han señalado a lo largo del taller, y en ese caso tu libro sin duda llegaría a ser un punto de referencia en la narrativa mexicana. Pase lo que pase, cuenta con un servidor en el proceso de depurarlo. Por lo pronto y muy sinceramente: mucho ánimo, suerte y quedo a tus órdenes para cualquier aclaración.

Martín Solares

Felicidades a todos por las últimas entregas

Jurado: Martín Solares Comentarios »

Hola a todos,

Sólo quiero avisar a los tres finalistas que esta tarde se decidirá quién será el ganador. La discusión ha sido intensa y rica, gracias a la calidad de los ejercicios que publicaron a lo largo de este taller y en las últimas dos entregas.

En cuanto a las críticas cruzadas se refiere, el más creativo en cuanto a la manera de exponer sus resultados fue Mahout, pero me parece que si bien el primer texto que publicó compartía una gran sensibilidad con los otros finalistas, fue muy afortunado que publicase una segunda versión, donde consiguió profundizar en los detalles que había apuntado en su entrega anterior. Los textos que enviaron Random y Aloysus Acker mostraron también una gran sensibilidad literaria así como una intuición admirable del archipiélago que idealmente podría constituir cada uno de sus libros en proceso. Hay que subrayar la puntería y seriedad con que Random juzgó a sus colegas, así como la seriedad con que Aloysus expuso razones de peso para eliminar el último cuento de Mahout.

Los felicito a todos por concentrarse en aspectos literarios y por alejarse de análisis sociológicos, ideológicos o de género: no se esperaba menos de los 3 finalistas, cuyo trabajo hemos tenido el placer de leer en sus muy distintas versiones a lo largo de estas semanas.

Más en unas cuantas horas.

MS

Comentarios al libro de Aloysus Acker: La Antártica empieza aquí.

Apreciaciones, Jurado: Guadalupe Nettel Comentarios »

Estimado Aloysus,

Quiero empezar mis comentarios confesando que tu libro me dejó muy favorablemente impresionada. En casi todos tus cuentos logras confeccionar unos personajes que no sólo representan muy bien la complejidad humana sino que, por alguna razón, resultan entrañables. Has logrado uno de los mayores retos que se impone un narrador y te felicito por ello. Estos personajes, la fuerza de su discurso, de su subjetividad y, cuando hablan en primera persona, de su tono narrativo, constituyen uno de los grandes pilares de tu libro y permiten que el lector no pierda fácilmente el interés a pesar de la extensión de tus relatos. El narrador de “La Antártica…”, por ejemplo, seduce por su ironía y por su autosarcasmo. También conmueve la involuntaria ingenuidad que demuestra en su búsqueda del absoluto y del abismo. Aplaudo igualmente la forma tan divertida en que caracterizaste la eterna disputa entre argentinos y chilenos y el sentido del humor en “Deseo”, el cuento al que pertenecen. Algo que también me gusta de tu libro es que, aunque los escenarios son bastante cotidianos –salvo en “La cura de Ana” que transcurre en un hospital bastante siniestro y peculiar—, uno tiene la sensación de que está inmerso en una atmósfera inusual y eso se debe, sin duda, al despliegue psicológico de tus personajes.

Otra de las virtudes de tu libro, es que al plantear la trama de cada relato logras desplegar el misterio de una manera muy efectiva, de modo que el lector se adentra con entusiasmo en cada una de las historias. Sin embargo, esta virtud colinda con uno de los puntos flacos de este conjunto de cuentos (y sospecho que de todo lo que has escrito por el momento): los finales nunca están a la altura del misterio que planteas y uno se queda con la impresión de que ha hecho un largo camino (no es metafórico, ¡piensa en la extensión de tus cuentos!) para llegar a un punto que, cuando no resulta decepcionante, al menos sí es un poco vago. Eso ocurre desde el primer cuento “La Antártica empieza aquí” hasta el ultimo de ellos. Yo no soy una militante empedernida de la teoría del Knock out, que según Julio Cortázar debe caracterizar al género del cuento y menos sugiero que sea importante en un libro como el tuyo, cuyos relatos me parecen más cercanos a lo que los franceses llaman nouvelle que al cuento corto, tradicional. Sin embargo, pienso que sí es necesario que te concentres en conseguir un efecto más impactante en el final de tus historias, incluso si no es sorpresivo e incluso si no cifras alrededor de él todo el sentido del cuento.

Como te digo, yo no tengo nada en contra de los relatos extensos. Sin embargo, sí te sugeriría que te aplicaras en concentrarlos lo más posible. Quizás esto signifique que en vez de medir 30 folios los hagas medir 27. No se trata de una cuestión de páginas. Lo que quiero decir es que muchas veces, el lector tiene la impresión de que se le están proporcionando una serie de datos innecesarios (ocurre por ejemplo en el cuento de “La Antártica…” cuando transcribes prácticamente toda la información que el periodista consigue sobre Bachraty. Aunque sirven para ambientar y crear una atmósfera, la mayoría de las veces esos datos no son necesarios para el funcionamiento de tus cuentos, distraen la atención de los lectores y, lo que es peor, disminuyen la tensión de tus relatos.

“Tensión”. Esta es una palabra clave sobre la cual deberías reflexionar pues creo que a tu libro le hace falta saber mantenerla. De tan largas, de tan documentadas que son tus historias, la liga se afloja y la tensión acaba evaporándose. Esto ocurre notablemente en “Club de Campo”, la historia de varios  personajes que sigues en el tiempo con tanta parcimonia que uno ya no sabe ni por dónde quieres ir. Casi todos los narradores tienen más facilidad para un género en particular. Durante la lectura de este texto me quedó muy claro que tu aliento es más el de un novelista. El formato del cuento te queda chico, te gusta ahondar en los detalles, hurgar en la memoria de tus personajes, hacer saltos de tiempo, evocar sus relaciones familiares y eso hace que tus cuentos se dispersen. Lo fabuloso es que, a pesar de ello, uno puede seguir leyendo y esto es gracias a las virtudes mencionadas más arriba.

Los problemas que presenta tu prosa no son nada difíciles de resolver. Se trata sobre todo de dedazos, ortografía y una que otra frase descuidada como “Los Morandé habían conocido a los alemanes cuando se habían radicardo durante cuatro años en Holanda” (“La Isla”) o (“Corrieron hacia la orilla, gritando que los esperaran, que también querían ir, desesperados al verlos alejarse, sus brazos hundiéndose en el agua, los pies levantando una estela de burbujas, con la punta de la tabla apuntando a la isla.) Por cierto, en ese mismo cuento –en mi opinión el menos interesante del libro-, sería conveniente que revisaras la concordancia de los tiempos, pues el paso del presente al pasado parece un poco arbitrario.

Para resumir, tu libro está muy avanzado y por otro (con respecto a los objetivos que él mismo se plantea) aún inacabado. Presenta una densidad muy saludable: se nota el trabajo y la reflexión, se nota el bagaje de lecturas de su autor, puestas con naturalidad y con buen criterio; se nota la emoción y la implicación personal. El lado inacabado consiste en los finales de las historias, en algunas cacofonías y repeticiones y en la falta de concisión de los relatos. Respecto al orden de los cuentos: yo evitaría poner seguidos los dos primeros cuentos ya que ambos se centran en la persecución de un personaje misterioso (Bachraty y Deseo) y esto crea una sensación de cantinela un poco aburrida.

Respecto a los dos nuevos cuentos y su papel en el libro: “Frank para siempre” me sorprendió por el género futurista, a lo Philp K. Dick. Su atmósfera y sus personajes están, por el momento. bastante menos introspectivos y logrados que los otros personajes de “La Antártica…”. Considero que no debería formar parte del libro pues rompe con la unidad que hasta ahora has logrado crear. En cuanto a “Cura de espanto”, siento que va más con el conjunto pero necesita, como bien dijiste, más trabajo y más tiempo de maduración. Cuando la narradora dice, por ejemplo, que estaba “sufriendo los achaques de una depresión feroz.” Suena un poco increíble, ya que esa una depresión feroz, al contrario de una gripe, no tiene achaques, sino efectos dramáticos (al menos esa es mi opinión) y, sobre todo, por la proximidad con la tragedia que acabas de describir. Ojo también con los dedazos como éste: “y a veces incluso me  metiéndole mano a la edición.” Justo ahí hay un punto y aparte y una frase que no viene al caso ni con lo inmediatamente anterior ni con lo que sigue: “el problema es que no tenía poto ni pechugas”. Tampoco el tono de esta frase me parece muy afín con el resto. Lo mismo ocurre con “puto sueño espeluznante”. En este cuento pasa algo muy similar a lo que le sucede a los otros: falta concisión. El lector se pierde en miles de datos subjetivos y objetivos y el misterio desplegado al principio se desvanece. Aloysus tu libro tiene todo para ser brillante, estoy segura que con la dedicación y la tenacidad que te caracteriza –demostrada a lo largo de este taller- lograrás un resultado excepcional.

Saludos y ánimo.

GN

Cuentos para niños que ven televisión, por Random Catódico

Apreciaciones, Jurado: Alberto Chimal 2 Comentarios »

Estimado Random:

Algo que siempre se agradece (o que yo agradezco, cuando menos) es encontrar un libro de cuentos que no se limita a repetir fórmulas tradicionales y se propone experimentar. No es exactamente la tendencia de moda en las literaturas actuales, ni en los mercados actuales de la literatura, pero no importa. El que un escritor quiera ir un poco más allá, poner a prueba con más insistencia los límites de lo que puede hacer él con su arte o de lo que el propio arte puede hacer, resulta siempre estimulante. Esta virtud la tiene tu libro: en otra nota comentaba que la unidad de tu proyecto me parece la más conseguida, y ahora me parece que, además de en sus temas recurrentes, está en el hecho de que en todos los textos hay, creo, esa intención de probar ideas y técnicas nuevas. De entrada, felicidades. Leer el texto completo »

La marrana negra de la literatura rosa, por Mahout

Apreciaciones, Jurado: Alberto Chimal 3 Comentarios »

Estimado Mahout:

El título de tu libro me hace pensar, ahora, en una especie de declaración: la marrana negra = el lado oscuro, cochino (evidentemente), de la literatura rosa. Una versión retorcida, desafiante, oscura de esas historias que consideramos, por definición, sentimentales, ligeras e intrascendentes.

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Ejercicio final

Ejercicios, Jurado: Alberto Chimal, Jurado: Guadalupe Nettel, Jurado: Martín Solares Comentarios »

Hola a todos y felicidades por el esfuerzo realizado hasta aquí.

Para la última ronda decidimos solicitar ejercicios distintos para cada autor, de manera que el resultado les permita apuntalar su proyecto en aquellos ángulos que aún pueden pulirse y cuyo tratamiento sin duda enriquecería el conjunto del libro. Mucha suerte a cada uno de ustedes.

Alberto Chimal, Guadalupe Nettel, Martín Solares

Mahout:

Tomando en cuenta que las virtudes de tus mejores relatos combinan un uso imaginativo de diversos calós, y que toman como punto de partida un cierto realismo sucio, te proponemos escribir un relato que complemente tu libro, en el cual demuestres tu capacidad para explorar otros recursos del cuento sin abandonar los logros de tu proyecto inicial. En lugar de concentrarte en sucesos que podrían ocurrir en la calle y ser registrados por el oído, campo en el cual tus logros están a la vista de todos, te proponemos escribir un relato de aproximadamente 4000 caracteres con espacios, que sea al mismo tiempo metaliterario (es decir, un texto que reflexione sobre la escritura que has generado en los cuentos que forman parte de tu libro) y una ficción plena e independiente por sí misma: toma como punto de partida tu cuento “Yokonización” y cuéntanos la reseña que uno o varios personajes harían del contenido y del estilo de tu cuento muchas décadas después, como si la historia les hubiera obsesionado durante todo este tiempo por algún motivo oscuro que aún intentan desentrañar. Que estos personajes habiten el mismo ambiente que el del resto de tus criaturas. Nota importante: el resultado de tu esfuerzo debe sustituir al cuento “Yokonización”. El texto tendría que funcionar como un remate vigoroso y memorable de tu libro.

*   *   *

Aloysus:

Dada la notable influencia de Bolaño en los cuentos que componen tu libro, y dado que algunos de tus relatos son de arranque eficaz pero lento, te proponemos lo siguiente: escribir un breve cuento que pueda integrarse a tu colección pero en principio esté hecho para sostenerse solo, de alrededor de 4,000 caracteres con espacios, en el cual, con un tono distinto del que predomina en tu proyecto y a la vez con tanta atención a los detalles físicos del mundo como sea posible, un narrador distinto a los que has empleado hasta ahora cuente un relato que funcione como el pórtico de tu libro: una ficción breve e intensa, que provoque en el lector más exigente el deseo de leer la totalidad de tus cuentos y encontrarles un sentido adicional. Alejándote de tu costumbre de abarcar historias inmensas en un espacio reducido, de pretender que más que sumergirnos en una historia que está ocurriendo o acaba de ocurrir estás glosando algo que ya sucedió, debes referir un suceso simple con tan pocas elipsis (tan cerca de “tiempo real”) como puedas. En este cuento deben aparecer, como personajes incidentales, al menos dos de los protagonistas de tus otros cuentos.

*   *   *

Random:

Considerando el trabajo que has realizado en estas últimas semanas y el lugar que ocupa en él tu intención de lograr una conclusión o resumen del libro entero en su final, como se ve en “Elipsis”, te proponemos que ensayes una alternativa diferente: considerar que ese cuento podría no constituir el fin de tu proyecto, sino su centro, y modificarlo de manera que pudiera situarse en otro punto del libro (no en el final, aunque sí cerca de éste, si lo deseas; tampoco necesariamente a la mitad) sin perder la capacidad que tiene ahora de elucidar el sentido y las acciones de tus otros relatos, de manera que funcione como el centro secreto al cual tienden o del cual parten las demás historias. Nota importante: si decides modificar la versión ya existente de “Elipsis”, no hay restricciones en cuanto a la extensión del texto final; si decides reescribir la historia por completo, esta debe contar con al menos 4000 caracteres con espacios. Creemos que esto podría servirle a tu proyecto porque ciertos textos, leídos después de “Elipsis” y no antes, podrían adquirir un sentido más vasto y una coherencia aún mayor.

LA FECHA DE ENTREGA DE ESTOS EJERCICIOS SERÁ EL MARTES 24 DE NOVIEMBRE A LAS 10:00 HORAS (Tiempo de la Ciudad de México).

Comentarios sobre el sexto ejercicio: Random Catódico, Aloysus y Mahout

Jurado: Guadalupe Nettel 4 Comentarios »

No sé cuánta experiencia tengan ustedes en talleres literarios pero, tras leer sus ejercicios tuve la impresión de que establecer un texto autocrítico “feroz” resultó muy difícil para los tres. Cada uno encontró una forma de distraer al lector ya sea con adornos y florituras o con excusas y explicaciones de los comentarios negativos que supuestamente ustedes debían establecer sobre su propio libro. Les aseguro que cuando uno participa, no de manera virtual, sino en carne y hueso en un taller así, no puede sino comprobar lo bochornoso que resulta, para uno mismo como para los demás, escuchar golpes de todo tipo a lo que con tanto trabajo ha logrado redactar. Muchos son los participantes que interrumpen a sus compañeros, y a veces al mismo coordinador, para defender sus cuentos de las infamias que se le atribuyen a pesar de que en el 99 % de los casos esta práctica está prohibida. Sin embargo, no hay nada más útil que escuchar con atención las críticas que vienen como resultado de una lectura atenta y meticulosa, capaz de encontrar la menor cacofonía, las incoherencias sutiles las inautenticidades propias de todo texto inacabado. Una de las herramientas más útiles que pueden otorgar los talleres de este tipo es la capacidad de distanciamiento con respecto a nuestros propios textos. Ese distanciamiento debe ser suficientemente grande como para poder, si es necesario, descuartizar ferozmente lo que ya hemos escrito, es decir la capacidad de desdoblarnos y convertirnos en los críticos más quisquillosos e implacables de nuestros cuento, no de una manera destructiva y estéril, sino de una forma obsesiva y puntillosa, avocada siempre a la autocorrección.

En los textos que ustedes entregaron aquí no encuentro sino algunos tímidos gestos de autocrítica. En el de Random Catódico, por ejemplo, resulta difícil no distraerse con los versos, las propuestas tipográficas y las referencias mitológicas, los falsos reclamos para descubrir los verdaderos reproches que hace a su libro de cuentos y, sin embrago, me pareció el más sincero de los tres ejercicios.

Algunas de las críticas que se auto dirige suenan impostadas. “No sabe escribir” por ejemplo, no cuenta como ejemplo de crítica constructiva y, por si fuera poco, resulta poco convincente. Tampoco le creo cuando pone en boca de sus Furias que en su libro la muerte es “estúpida, accidental y gratuita” pues, nosotros y él, sabemos que sí hay una trama en sus relatos que justifica los casos en que los personajes mueren así como los actos de violencia. Por un lado resulta complicado abrirse paso entre las palabras que usó Random Catódico para encontrar una referencia a fallos verdaderos y, por otro, los errpres que sí se mencionan están en clave: sólo una palabra o una metáfora los describe como cuando las Furias gritan: “el tiempo”,  para referirse a un manejo deficiente del ritmo narrativo o “acumula letras” que quizás podría significar que sus textos son demasiado extensos y faltos de concisión. Crítica que vuelve a aparecer cuando las Furias dicen que como autor es “mal medido, no acierta al justo tamaño de los cuentos. Se alarga en esclarecimientos y diatribas.”

Cuando dice “-ando y -iendo sus demonios” se refiere también brevemente a esa tendencia –ya señalada por el jurado- de abusar de los gerundios.  Otro de los reproches verdaderos está en la referencia a sus ´titulos horripilantes” ante los cuales probablemente Random Catódico esté aún indeciso. Finalmente, el tono de burla que emplea en este texto es sin lugar a duda hilarante pero también diluye un poco la fuerza de  la autocrítica.

Aloysus

Cuidado, querido Aloysus, al emular, imitar, jugar con el estilo de Roberto Bolaño. Que lo hayas hecho en este ejercicio me parece un recurso simpático pues ya se había mencionado esa tendencia tuya y este gesto de cinismo constituye un guiño cómico cuya gracia entusiasma. Sin embargo, aquí no queremos imitadores de ese autor como tampoco queremos hijos de García Márquez, Raymond Carver, ni de ningún otro escritor. Estamos -como los lectores más exigentes, como los editores comprometidos con su oficio- buscando escritores con voces y estilos únicos e irrepetibles. Tenemos fuertes sospechas de que tú eres uno de ellos, entonces ¿para qué refugiarse en las páginas, en el tono y en los personajes de otro, por más genio que sea? En la densidad de este relato lograste incrustar varios de los comentarios que se te han hecho aquí. Lo aprecio, pues al menos significa que has estado atento a ellos. Sin embargo me gustaría saber cuáles son las críticas y los reproches que TÚ MISMO le haces al libro. Me hubiera gustado, por ejemplo, encontrar el mismo autosarcasmo que muestran tus personajes, pienso en particular en el narrador de “La Antártica empieza aquí”.

Mahout

Este texto es el más gracioso de los tres, pero se trata de una comicidad involuntaria. La actitud de Mahout es tan negacionista y esquiva que resulta incluso conmovedora. Como señaló Alberto Chimal, lo último que desea Mahout es exponer sus errores a ojos del jurado. En vez de ser autocrítico, su texto es casi una autodefensa, como lo era también el ejercicio sobre la escultura para ciegos. Sus frases son muy vagas y casi todos sus reproches son de este tipo: “puede mejorarse”,  “tal y como está funciona, pero puede crear un efecto mayor si…” El texto termina sin haber señalado verdaderos defectos en el libro, sin haber sido, por un segundo, severo y , por supuesto, sin haber mostrado la “ferocidad” que se pedía. Al contrario, para atenuar los posibles defectos que hubiéramos podido entrever en él nos asegura Mahout que: “Fuera de eso, ni el resto del cuento, ni el libro, presentan problemas.” Para que te enteres Mahout: los tres jueces de este concurso estamos perfectamente conscientes de los innumerables defectos que tiene tu libro y que no quisiste mencionar y, aún así, hemos decidido llevarlo hasta la final, donde ahora se encuentra, porque también nos parece lleno de cualidades. Sólo que esta vez nos hubiera gustado escuchar que tú también eres conciente de las cosas de La Marrana… que aún deberían mejorarse, oírte enunciar tus propios fallos y decir que estás dispuesto a trabajar en ellos.

Ejercicio 7

Ejercicios 1 Comentario »

Cada uno de los 3 finalistas deberá leer el libro de cuentos de otro finalista (el concursante A leerá a B, B a C y C a A) y criticar su estructura: juzgar si la disposición de los cuentos en cada libro contribuye o no a que avance la lectura, o si la dificulta; considerar si es necesario cambiar esa estructura, agrupando los cuentos en regiones conectadas por un mismo tema o estilo, o bien alternándolos temática o estilísticamente de manera que los recursos no cansen al lector. Finalmente, examinar si el último cuento consigue o no transmitir al lector un personaje, ambiente o historia memorable. La extensión del texto debe ser de 2700 caracteres con espacios.

Aloysus Acker leerá el libro de Mahout
Mahout leerá el libro de Random Catódico
Random Catódico leerá Aloysus Acker

Fecha de entrega: viernes 20 de noviembre a las 12:00 horas (tiempo de la ciudad México).

Comentarios del ejercicio 6: Random Catódico

Apreciaciones, Jurado: Alberto Chimal 3 Comentarios »

El último de mis comentarios de esta ronda:

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