Estimado Mahout,
Antes de que termine el concurso, quería enviarte una segunda carta comentando la totalidad de tu libro en proceso. De entrada te felicito por el impulso que tienen todos tus relatos: la mayoría arrancan con una vitalidad impresionante y de colega a colega creo que a fin de que tu libro constituya una pieza inolvidable e inobjetable desde cualquier punto de vista, valdría la pena que pulieras algunos detalles.
Estarás de acuerdo conmigo en que hay que evitar las repeticiones innecesarias. Hay ocasiones (sobre todo cuando tus narradores hablan en primera persona) en que repites dos o más veces un tema que ya habías expuesto. Si tu lector tiene la impresión de que lo obligas a pasar varias veces por el mismo lugar sin darle algo sustancial a cambio, tendría derecho a solicitar que elimines esos ripios. Por poner dos ejemplos: las rupturas entre la protagonista de “La jota de Bergerac” y el beisbolista; la entrada de Damián a los clubs, páginas 54 y 57. Estas repeticiones de tus narradores funcionan como desviaciones innecesarias en la ruta bien trazada que tienen el resto de tus cuentos.
Otro asunto que vale la pena revisar es la lógica de tus relatos. Las acciones deben parecer la única opción posible para los personajes, y en ciertos relatos aún no terminas de construir el ambiente o los argumentos necesarios para que el lector crea en los impulsos que mueven a tus criaturas. Ninguno de los argumentos que ofreces para justificar la entrada de Damián en el club de las embarazadas, por ejemplo, es lo suficientemente sólido. ¿No deberías indicar que la ebriedad llevó a Damián a entrar por primera ocasión –o buscar una excusa mejor, que te permita ahondar en el conocimiento de este personaje? Tal como está ahora, dicha justificación resulta inverosímil, y para que una situación divertida se sostenga, las razones que mueven a los personajes involucrados deben ser inobjetables.
La falta de verosimilitud en algunos giros de las tramas es otro asunto a revisar. Es un poco inverosímil que Alexia ocupe un lugar en el estadio o junto a las esposas de otros jugadores. ¿No funcionaría mejor que esto se limite a ser una promesa de Wilbur o una fantasía del travesti? Otro asunto que debes hacer más creíble es el origen de su apodo: es demasiado literario para la zapatería en la que él trabaja. ¿Por qué no lo atribuyes a algún novio o colega con aspiraciones literarias, o aficionado al cine?
Por otro lado, hay un momento en que algunos de tus cuentos corren el riesgo de perder la dirección certera que llevaban y que estás a punto de dejarlos amorfos e inflados innecesariamente, a medio camino entre el cuento clásico y la novela corta. Donde más se nota esto es en “La jota de Bergerac”: se siente que el relato se expande de más, que hay algo de helio narrativo a depurar. Creo que deberías realizar una última revisión que te permita eliminar las repeticiones y condensar tu intención original, a fin de conseguir un libro implacable y redondo.
Sin embargo, la cuestión que deberías afinar con la mejor disposición posible es la costumbre que tiene este narrador de pontificar y exponer sus ideas sobre el mundo, en lugar de contar los hechos de esta trama. A diferencia de otros que has creado, me pareció que vacilaba, que no avanzaba con la misma seguridad que otros de tus narradores, y me parece que esto se debe a que nada envejece tan rápido como nuestras ideas sobre la moral. Revisa los primeros relatos de algunos escritores de principios del siglo pasado y verás cuán precámbricas nos parecen sus opiniones sobre la sexualidad. Más que adoptar una posición concreta y defenderla, la virtud de tus cuentos es que se interesan por algunos de los personajes más inesperados, extraños y divertidos que haya visto en mucho tiempo, y consiguen humanizarlos y hacerlos creíbles, de manera que su suerte nos interese. En cambio, si los invitáramos a un coloquio sobre sexualidad, dudo que ocurriese lo mismo con las ideas de estos últimos: sus aventuras son más interesantes y originales que sus ideas sobre el mundo, que resultan bastante estrechas. Un narrador con una garra como la que eres capaz de desplegar debería proponerse saltar sobre algunos de los estereotipos más difundidos sobre hombres y mujeres.
II
A fin de que termines de pulir el diamante hice una lista de detalles que no estaría mal revisar en algunos de tus cuentos… Las virtudes tú ya las conoces, así que me concentro en lo que me pareció perfectible.
En cuanto a los detalles menores respecta, me parece que el primer cuento, “No pierda a su pareja por culpa de la grasa” funciona para abrir el libro en la medida en que establece cuál será el tono, los ambientes, temas y los recursos que van a predominar, pero también podría funcionar en su sitio “El artista zen…”, donde muestras el talento con que puedes emplear otros recursos, sin perder la seguridad de tus mejores relatos, y se vislumbra un tono que podría ir por el camino de una novela corta muy redonda –lo cual quizás no se vería mal en tu libro. Por otro lado, sería mejor que el tema de la adicción del narrador a la cocaína apareciera en las primeras páginas, no más adelante, pues tal como lo presentas ahora la introducción de ese tema toma por sorpresa al lector: parece caprichoso, matemático, y no se le cree a tu narrador. Para evitar ahuyentar a algunos lectores, te sugiero que lo insinúes desde las primeras líneas.
El segundo final de “No pierda a su pareja…” funciona mejor, en efecto, pero creo que das demasiadas explicaciones en los últimos tres párrafos. ¿No son demasiados detalles crueles contra la mujer en la cárcel? Bastaría uno solo, terrible, para darle el destino que se merece (condenarla a dieta de tamales –que parece importarle más a ella- o la visión del bebé, pero no necesariamente ambos). También tuve la impresión de que podrías indicar antes del final los planes del protagonista hacia su madre, y que la frase definitiva podría ser “Quería una rinoplastia”, ya que lo explica todo.
En el segundo relato, “La jota de Bergerac” otra vez tienes un personaje al cual la perspectiva de una operación estética lo pone en conflicto, pero a diferencia del anterior, aquí el travesti tiene motivaciones poderosas para entrar al quirófano.
El problema es que a diferencia del primero, en “La jota…” falta la sensación de haber leído un buen final. Tal como está, uno tiene la impresión de que la historia no ha concluido, sino que fue abandonada, y que podría seguir y seguir. Por favor piensa esto en beneficio de tu cuento.
Si estuvieras de acuerdo en re trabajarlo, una de las vías posibles consistiría en fortalecer esa carrera contra el tiempo que acicatea a tu personaje. Esto me imagino que puedes conseguirlo si identificas todos los temas que están presentes en esta versión de tu relato y consigues darles un mejor orden –que no excluye una última reescritura. Por ahora, ciertos temas no parecen encontrarse en el mejor lugar posible. En algunos casos transmiten la sensación de que los publicas en el orden en que los imaginaste, cuando pudieron haber ocupado un lugar más certero en la narración.
“El corrido del eterno retorno” tarda en encontrar el mejor rumbo. Oscila demasiado entre dos temas: la falta de sexo en una pareja, y la presencia casi física de la muerte como personaje. Si deseas reescribirlo, quizá sería conveniente también que en “El corrido del eterno retorno” te decidas por uno de los dos. Tengo la impresión que es más interesante el ángulo fantástico que el realista, y quizá sería mejor que plantees desde el inicio que el marido vio a la figura de la muerte. Este tema podría contribuir a que el cuento comience con un mayor impulso. Por otra parte, falta resaltar por qué la tía Myrna generó tanta simpatía en la narradora, y ojo con la historia de la tía: donde se encuentra ahora funciona más como una digresión novelesca que como la información que requiere estar diluida en tu cuento para que el remate funcione. Pareciera que tu narrador divaga. Si la biografía de la tía resulta indispensable, harías bien en sintetizarla.
En “El club de las vestidas embarazadas” sobran algunas de las palabras que empleaste al describir la técnica de inseminación: es evidente que investigaste y supiste sintetizar ese procedimiento, pero no es necesario que emplees determinados vocablos que no aportan mucho: decir que la madre esperó en posición “ginecológica”, por citar un ejemplo, no termina de construir una frase divertida y tampoco dice gran cosa.
Hay dos momentos en los que tuve la sensación de que en lugar de hacernos vivir la situación que contabas, tu narrador exponía un resumen de la misma: cuando Carmen contrata un detective para que siga a su marido (asunto que tu narrador despacha en 2 líneas, sin hacerlas creíbles: ¿por qué no eliminas este tema, que por otra parte no conduce a ningún lado al cuento?), y en el remate del mismo. Creo que más que subrayar que efectivamente es el esperma de Ordóñez lo que preñará a Carmen (lo cual resulta previsible, se ve venir el truco desde que ella descubre por su parte el club de las embarazadas) sería conveniente que encontrases otro modo para indicarlo. Al margen: ¿no sería mejor que el detective, en caso de que decidas quedarte con él, sea quien le indique a Carmen la existencia no del bar de los martinis, sino del club de las embarazadas?
También hay líneas donde se advierte cierto afán de criticar la moral de tus personajes, que al no provenir de un personaje concreto, parecen venir directamente de tu boca. En mi opinión, tomar una posición moral en este caso no ayuda en nada a tu libro. Como cuando escribes: “Y nada emputecía más a Carmen que sorprender a su esposo jalándosela a escondidas. Pero ella se comportaba de la misma manera. Se elaboraba una puñetota mental con la idea de embarazarse.” La primera frase te permite presentarnos con una sola imagen la personalidad de Carmen, pero la segunda frase parece surgir de la nada. Sugiero eliminarla o atribuírsela al sufrido esposo.
Otra frase de contenido moral que no aporta mucho: “La verdad es que la aparición de un vástago no modificaría en nada su vida vacua. Es irresponsable depositar nuestros conflictos sentimentales en un recién nacido. La verdad es que un hijo no sirve ni siquiera para asistirnos en la muerte.”
Tengo la impresión que el cuento sería mejor si lo contases en primera persona, esforzándote por crear una nueva personalidad verbal para alguno de los dos protagonistas. O por un tercer narrador menos pontificio, que ofrezca ideas, no ideología.
Agradecí que publicases la nueva versión de “Gómez Palacio song” en tu blog. El desarrollo es de los más logrados que has publicado aquí, y definitivamente, te aconsejo incluirlo en tu libro. Me parece que deberías revisar con calma no tanto el uso de la técnica del contrapunteo al final de tu cuento, sino qué tan necesaria es la oscuridad que se genera al final (hay detalles, relaciones entre personajes especialmente, que no quedan tan claras). La posdata final, donde se ve el destino del niño, quizá fuera pertinente resumirla y presentarla con una prosa más contundente, similar a la que empleaste en el resto del relato.
Un detalle: El comentario del taxista sobre los Hamptons ¿no es demasiado intelectual para el perfil de este personaje? Quizás quedaría mejor si se lo atribuyes a Alberto o al narrador.
Por otro lado, ni “Yokonización” ni su nueva versión, la del alien agropecuario, funcionan como remate del libro. A los narradores hay que exigirles que digan lo que tienen que decir en el menor número de líneas posible y tú le permites demasiados devaneos a la voz de la narradora; hay que impulsarlos a construir una lógica impecable para el relato, y los argumentos con que justifican el dejar al niño down entre los ejidatarios son muy poco creíbles.
El tono de la narradora es predecible: tu intención, que debería revelarse en las últimas líneas, se deja entrever a medida que insistes en que el Alien es virgen. Además, las motivaciones que tiene la narradora para acostarse con el músico aparecen hasta el final y de manera caprichosa, no hay un trabajo constante y discreto a lo largo de la historia, a fin de que su decisión nos parezca ineluctable.
En lo personal, estoy convencido de que hay cuentos e incluso frases que nos van a obsesionar hasta que encontremos la manera de ordenarlas, de darles el mejor lugar posible en lo que estamos escribiendo. De colega a colega, y con todo respeto, me pregunto si no harías bien en guardarlo por un tiempo y pasar a otros temas donde ya has demostrado tu inmenso talento.
“La marrana negra de la literatura rosa”, en cambio, es de los mejores relatos del libro: allí concentras, sin repeticiones, lo mejor de tus temas y recursos: la voz en primera persona, el sentido del humor, el punto de vista no heterosexual pero sin militancias retóricas, la facilidad para crear personajes interesantes, etcétera. Un único detalle: el suicidio de la marranita ocurre demasiado deprisa. Creo que como ocurre con los grandes actores, merecía una última línea donde diera lo mejor de sí misma, incluso una frase de adiós. Su final feliz es de los mejores del libro, acaso el mejor logrado, con su estupenda última frase. ¿Por qué no dejarlo como gran final de tu proyecto? Con un remate tan afortunado, el lector tendría recuerdos muy gratos de ti como narrador.
Si no olvidas terminar e incluir “El autista zen”, tu libro ganará una mayor solidez. Como sea, quiero decirte que quizá podrías publicar el libro tal como está, pero que sin duda te conviene pulirlo en los ángulos que se te han señalado a lo largo del taller, y en ese caso tu libro sin duda llegaría a ser un punto de referencia en la narrativa mexicana. Pase lo que pase, cuenta con un servidor en el proceso de depurarlo. Por lo pronto y muy sinceramente: mucho ánimo, suerte y quedo a tus órdenes para cualquier aclaración.
Martín Solares
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