El ámbito familiar tiene todo que ver: si el niño padece maltrato en casa puede convertirse en bully, o volverse tan tímido que incita a los aprovechados a darse un festín sobre su humanidad, como es el caso de Pablo, estudiante de la Secundaria 260. Luce temeroso, es su estado natural: es que mi mamá me pegaba cuando me enfermaba de cosas, dice Pablo, se enojaba conmigo cuando me regresaban de la otra escuela. Sus compañeros, presuntamente, le pusieron polvos pica-pica. La madre llevó a Pablo al doctor y su diagnóstico arrojó que la irritación ocular pudo deberse a un contacto con cloro. Su hipocondría, con la bendición del “experto”, la orilló a quejarse con el subdirector y éste regañó a la maestra de química. En medio de la confusión, al preguntársele de dónde sacó su madre esa idea, responde con timidez, casi con susto: no sé, la verdad, no sé cómo se le ocurrió. Sol (Soledad Flores Pineda), orientadora de la 260, aconseja a Pablo: pero tienes que explicarle a tu mamá, debes decirle para que ella no imagine cosas que no son. El joven asiente, silencioso, con un ligero encorvamiento que suelen adoptar algunos niños enfermizos, guiados por los golpes rencorosos del cariño. En México, está comprobado que la violencia también puede ser una muestra de afecto y un antídoto contra enfermedades.
Pablo, por si fuera poco, sufre agresiones por parte de Gabriel, uno de sus compañeros, quien se zampa su lonche y le quita dinero y artículos escolares. Este caso se resolvió confrontando a las madres de ambos niños, y explicándole a Gabriel que no debía pedirle comida al joven, pues éste era incapaz de negarse a sus solicitudes. Pablo es una víctima importada de otra secundaria. Con los jóvenes que están aquí desde primero no es tan complicado, comenta Sol, porque uno ya los conoce; pero los que llegan de otras escuelas, a segundo o tercero, son los que traen problemas, son agresores, o víctimas, como Pablo. Sol es una estupenda anfitriona, entrada en sus cuarentas. Con su carisma y buen ojo, lidera un equipo profesional, concienzudo en el seguimiento de los conflictos entre los estudiantes. Conoce el lenguaje de los jóvenes. En su escuela han impartido talleres para prevenir el bullying y el consumo de drogas. Ellos saben más que uno, dice Sol, te dicen cuánto cuesta una mamila, que tienen diferentes colores y sabores para que no sean identificados.
Comento a Sol el caso de un joven homosexual que intentó suicidarse porque sufrió bullying, y esto le recuerda que hace algunos años conoció a un estudiante llamado Jesús, quien era gay y siempre acosaba a sus compañeros, pero éstos se defendían. El departamento de orientación no logró convencer a la madre de que hablara con él y lo llevara a terapia gratuita; por el contrario, trató de resolver el asunto enviando a Jesús a otra escuela, quien después se convirtió en la Chucha, un travestido que, más tarde, murió de Sida.
El gobierno del D.F. ha implementado diversos programas que previenen el bullying. Portales interactivos, atención telefónica y talleres, además de otras estrategias y programas como el Nocaut al bullying, han sido creados para atender el aumento de denuncias, pero es obvio que son los departamentos de orientación, como el de la secu 260, los que agarran al toro por los cuernos. Así lo demuestra una atención a otra víctima de bullying. Se llama Janeth, tiene 14 años, complexión gruesa y voz temblorosa, a punto de hacerse risa y llanto: es que fuimos a buscar a Rafael, por donde él vive, y entonces Diana, la del 24, iba con nosotras pero se regresó corriendo, después volvimos acá y un montón de gente me empezó a reclamar: que por qué había ido a su casa, que por qué le iba yo a romper a Rafael su mandarina en gajos, dijeron que me iban a dar esquina, que me iban a madrear si yo le hacía algo. Diana, quien llegó a la 260 en segundo año, le buscó pleito a causa de un chisme. Hoy, en tercero, Diana continúa agrediéndola, pues ambas comparten el mismo afecto por Rafael. Sol dice a Janeth: vamos a hacer una cosa, si hay necesidad, llamaremos a sus mamás, tú ni pelees con ella, no le hagas caso, mamita.
A la secundaria 260 llegan alumnos de otras escuelas, a quienes les resulta difícil adaptarse, provienen de secundarias más conflictivas, como la 26 y la 5, ésta última con aulas que llegan a albergar hasta 50 pupilos. Otro dato preocupante, según la Asamblea Legislativa del D.F.: tres de cada 10 niños han sufrido violencia escolar y sólo uno de cada 10 recibe tratamiento. Sol me informa que el año pasado un par de niñas se enfrentó a golpes y arañazos en la cancha, incluso, una de ellas arrancó un mechón de pelo a la otra. Los estudiantes subieron el video a La Jaula, página de internet donde los adolescentes exhiben las grabaciones de sus pleitos. Los he visto cómo pelean, subraya Sol, se dan con todo, graban la pelea y luego se levantan y se van muy tranquilos, chorreando sangre, como si no hubiera pasado nada. Un día llegaron a decirme que ya habían quitado la página, ¿por qué?, les pregunté, y contestaron que alguien había puesto el video de una violación.
Los tiempos cambian. El taxista que me dejó en la Portales opina que el tema del bullying no es nuevo: en la secundaria, hace más de cincuenta años, dos alumnos incorregibles lo traían de bajada, a sapes y resorterazos. Su padre, al enterarse del asunto, le dio una pistola calibre 22. Entonces el taxista, oriundo de Chiapas, los amenazaba, y ellos le sacaban la vuelta; él se convirtió en bully y terminaron expulsándolo. Su testimonio me recuerda la confesión de un amigo, quien iba a la misma escuela privada donde campeaban algunos alumnos que, al paso de los años, se convertirían en los narcojuniors de Tijuana. Mi compa se curó en salud cuando dijo: a ese narco varios compañeros lo traían a sopapos, lo humillaban, le pegaban chicles en el trasero, pero ahora pienso que muchos de ellos han de andar con el culo en la mano, acordándose de cómo se lo chingaban.
La 260 cuida los estándares de conducta y aprovechamiento de sus pupilos, pero, ¿qué pasa con las secundarias que albergan a más de 50 alumnos por salón? Además, sin la resolución de conflictos intrafamiliares, las agresiones en las escuelas acabarán destronando al programa Nocaut al bullying, sobre todo si tenemos como ejemplo a boxeadores como el Canelo Álvarez, quien golpeó al Archi Solís afuera del mismo gimnasio donde entrenaban, fracturándole la mandíbula. Es la vieja historia donde la bestia desplaza a la civilización, la arena donde los conflictos se resuelven por la vía del cloroformo, y no por la intelectual.
A punto de abandonar la escuela, y antes de anotar mi hora de salida en la recepción, volteo hacia la escalera que luce maciza y segura. Los peldaños que conducen a las aulas del conocimiento están recubiertos por un esmalte negro, fulgurante, de reciente adquisición. Una parsimonia momentánea me hace pensar en la ropa sucia que las familias, ayer, hoy y mañana, deben lavar en casa.
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