Una crónica debe reflejar las pasiones y obsesiones del cronista, que en todo momento puede pasar de ser un crítico paciente y piadoso, a analista implacable y rebelde, presto a actuar en la realidad que narra. El estilo es un reflejo del Yo en la escritura. Es así como el cronista retrata hechos y costumbres, sus historias refractan artísticamente la realidad con el ánimo de que el lector reconozca aquellos defectos que aquél destaca y los enmiende. Escenario, personajes e historias son parte de una propuesta estética animada por el deseo de influir en la transformación de la sociedad. Por ello, el cronista se valdrá de entre muchas herramientas de estilo, de la ironía por su enorme valor como fuerza crítica. Una crónica es el maridaje ideal entre profundidad y claridad, entre amenidad y reflexión. Una buena crónica requiere salir al mundo con la estrategia del cazador que sólo cuenta con un disparo de su rifle: ser paciente y rondar por ahí, acechando esa historia que sin la mirada alerta y buena puntería jamás será escrita.

J. M. Servín


La crónica es el más literario de los géneros periodísticos, exige rigor en su escritura y precisión en los datos que ofrece. Es un relato, la narración de un hecho, presente o pasado; la construcción de una historia (de una persona, de un edificio, de una costumbre, de una comunidad) en donde la información se enriquece con la subjetividad, con el análisis, los diálogos, las evocaciones de quien la escribe. Como un cuento, debe ser interesante de principio a fin, impactar de tal manera a quien la lee que pueda acompañar al cronista en su alegría, desencanto, tristeza o indignación ante los hechos que está contando.

José Luis Martínez


La crónica es un retrato de la realidad que, con las armas de la mejor narrativa, debe hacer más comprensible la propia realidad. Para ello la crónica debe acercarse a un aspecto de la vida de una sociedad para analizarlo, asediarlo. Encontrar los conflictos que operan en ella y revelarlos. Saber detectar, a través de una historia muy bien contada, quiénes son los protagonistas o sus víctimas, cuáles las fuerzas que se ejecutan y por qué. Si la literatura se ocupa de revelar aquello que jamás va a ocurrir, pero que gravita sobre nosotros, la crónica debe hacer comprensible lo que ya ocurrió, lo que está ocurriendo, lo que va ineluctablemente a ocurrir. El buen cronista se anticipa, sabe leer entre líneas, es sensible a pequeños cambios y mutaciones. Sus mejores armas son la lectura, que le ayudará a construir una historia persuasiva e implacable; el olfato para saber hacia dónde mirar, a quién acercarse. El silencio para escuchar y comprender. La capacidad de transformar una idea clara y sencilla en palabras que la hagan visible a otros.

Santiago Gamboa