capítulo DXXXIV, en que se relata el primer encuentro de Mykolas con la señora del tercer piso
Juana Girasola 2 Comentarios »El cuarto de Ruta es posiblemente el lugar más desordenado que he visto en mi vida. Montones de ropa, libros, basura, platos sucios, discos, papeles, tabaco, su cuarto es casi un problema de salubridad.
Esa noche nos quedamos ahí hasta muy tarde, bebiendo cerveza y platicando de cambiar el mundo. Tenía años sin verla y la estaba pasando muy bien. Quizá precisamente gracias al desorden, su cuarto era un lugar muy acogedor.
Ya estaba entrada la madrugada y yo dormitaba un poco durante nuestros silencios. Me asusté cuando una mujer extraña abrió la puerta bruscamente y entró haciendo mucho ruido. Pensé que quizá era pariente de Ruta, porque se movía como si estuviera en su casa, pero parecía más bien una vagabunda con sus cuatro faldas variopintas, empalmadas una encima de la otra, sus largos pelos canos, sus gigantescos lentes, y sus guantes sin dedos. Rumiaba entre las cosas de Ruta, como buscando algo muy específico, o como buscando algo en un basurero. Levantaba cosas al azar: un carrete de hilo, un zapato, una cuchara, un perrito de porcelana, un radio. Escrutinaba los objetos haciendo gestos de rata miope, decidía que no le gustaban y los volvía a aventar por ahí.
Ten cuidado con tus cosas, me dice Ruta, porque la Girasola se lleva lo que le da la gana. En eso, noté que la señora le había tomado gusto a mi mochila, y tuve que forcejear con ella un rato para quitársela.
Todo esto me tenía muy perturbado, lo que parecía divertirle mucho a Ruta. Riéndose, me dijo: Juana Girasola vive en el tercer piso, viene cuando quiere y se lleva lo que le sirva. Incluso le hemos dado una copia de las llaves.


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