Javier Ramírez acaba de cumplir 30 años, decide dejar el alcohol y permanecer soltero para siempre. Es asesor de una dependencia de gobierno, sin embrago, al no estar sindicalizado, pierde su empleo tras la remoción, por causas administrativas, de su jefe directo.
Mientras busca una nueva forma de subsistir con su carrera trunca de diseñador gráfico, consigue ser dj de un bar en el centro. Es allí donde conoce a Graham, el nieto de un pintor inglés de fama mediana que ha muerto recientemente. Graham llega a la ciudad para vender las pertenencias de su abuelo. Javier le ofrece su ayuda a cambio de una comisión. Después de tardes cargando lienzos de un lado a otro, desarrolla una mejor idea para ganar dinero. Imita los cuadros de otros, se inventa a sí mismo como pintor mixteco y empieza a venderlos en el centro.
Cuando Graham vuelve por sus ganancias, se asombra por la orginalidad de los cuadros de Javier. Trata de conocerlo mejor para descubrir la fuente de ese nuevo talento. Un par de meses le bastan a Graham para creer único a Javier, al grado de obsesionarse con salvarle la vida.
Según Graham, la tercera guerra mundial estallará en el 2012 y, debido a la letalidad de sus armas biológicas, sólo durará una semana. Por eso, él y otros amigos han construido un búnker para salvar a contados artistas procedentes de países tercermundistas, según sus parámetros, dignos de trascendencia. Invita a Javier a sobrevivir con ellos, le da una fecha y un lugar de contacto. Al principio Javier lo toma como una broma pesada. Pero, mientras más se aproxima la fecha, Javier ve indicios, primero en la televisión y luego en cada esquina, que confirman los argumentos de Graham. Cuando se convence y decide pasar esa semana del 2012 en el búnker, comienza a perturbarle el hecho de que ha enamorado al inglés con base en plagios, con arte imitado y palabras huecas. ¿Y si una vez a salvo de la tercera guerra mundial, todos se dieran cuenta que han ayudado a sobrevivir a un plagiario? Eso se pregunta Javier mientras desayuna a unas cuadras de su lugar de contacto y en la televisión aparecen las primeras bombas.
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