Ave aura

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Adiós

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Sólo puedo decir gracias a todos. Hasta pronto.

Casi lo olvido. Éste es mi mail por si alguien quiere escribirme: aveaura@yahoo.com.mx

Apreciaciones

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Quiero compartir con ustedes los comentarios que hicieron Alberto Chimal y Mónica Lavín a la sexta entrega de Muerte Caracol. Mil gracias a los dos.

Muerte Caracol (5/7)

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Ésta es la quinta entrega corregida de acuerdo a las apreciaciones de mis lectores.
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Ejercicio especial. Subordinadas perfectas.

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Oración a “El otro”

Soy quien soy
porque el otro grita dentro de mí.

Ayer vimos el miedo.
Entramos en unos ojos de mujer
y vimos el miedo.

Escuchamos un lamento.
Era un alarido pertinaz
que manaba de ella,
pero que provenía de nosotros.

Hicimos un corte —largo, profundo—
y el dolor,
nuestro dolor, comenzó a fluir.

Colocamos la soga.
Ella ya no se opuso.
Apretamos.
Retorcimos con fuerza.
Aguantamos.
Un poco más.
Más.
Se terminó
y fuimos Dios.

El otro nació conmigo.

Él me amamantó,
vigiló mi sueño
y me dio protección.

El otro me escucha
y habla a través de mí.

El otro me ve
y me deja mirar.

Guía mis pies.
Mueve mis manos.
Piensa y siente en mí.

Hoy él está frenético.
Es hora de ir a trabajar.

Otro,
dame la inspiración para culminar la gran obra.

Enséñame el camino.

Vigila mis pasos.

Muéstrame a quién elegir.

Déjala cumplir su destino:
ser una espira más del caracol.

No me dejes dudar.

Sé en mí,
pues yo soy quien soy
sólo porque tú gritas dentro de mí.

Críticas a 5/7 de Muerte Caracol.

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Aquí las ligas a los comentarios de mi quinta entrega: Alberto, Álvaro y Buzo. Como siempre, gracias por su lectura atenta.

Taller 13: Comentarios a la 5/7 de Falso.

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Falso:

Haces que veamos el enfrentamiento entre federales y maestros a través de los ojos de Dustin. Me gustan los puntos de ubicación que vas soltando: el mercado de autos, el Tecnológico del Estado, etc. También la solidaridad de los maestros, el chofer y los otros reporteros. Aunque me pregunto cómo supo el chofer que Dustin era reportero con solo verlo.

Algo que me faltó fue la sensación del gas lacrimógeno, que es terrible y a Dustin parece no hacerle nada. Veo una contradicción cuando Dustin revela que la mayoría de sus fotografías son panorámicas pues prefirió alejarse (lo que va muy bien con el carácter que le has dibujado), pero al despertar se cree una especie de héroe.

La revelación de la mamá es real y perturbadora, pero un detalle: ella dice que los dejó solos en esas vacaciones y cuando Dustin recordó el hecho dijo que eran las ocho de la mañana, que él buscaba su zapato y que ya se les había hecho tarde, ¿para ir a la escuela?

Se me terminó el espacio, sigo en tu blog.

Muerte Caracol (4/7)

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Hola, aquí está mi cuarta entrega corregida. Gracias a todos por sus aportaciones.

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Taller 12: Interconexiones

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Buzo:
¿Santiago va a aplastar al bicho? Ahí dice: “No lo toques”. De cualquier forma, no veo a tu personaje matando insectos porque sí, ¿no era muy sensible?
No parece ser la misma Andrea de Xemióptera.

Ciencia:
Me convence tu ejercicio. Eres fiel a tu estilo y a tu personaje; además captas muy bien a Sobera.
Algunos detalles de redacción:
En dos ocasiones pierdes el sujeto. Cuando dices: “Hace más de una semana estaba dando clases” ¿quién? ¿Sonia? ¿la Chaparra? Sé que es la hermana, pero en la primera lectura confunde. Y después cuando escribes: “Ha de estar muy bueno”, parece que te refieres al hombre, que fue el sujeto de la oración anterior, y no al libro.
En la última palabra (pensé) cambias el tiempo verbal.

Falso:
Me parece loable que hayas contado desde el punto de vista del personaje invitado y no desde tu protagonista. También me gusta que los dos se sientan sin rumbo y de ahí el título: Reflejos. Pero no reconocí al Santiago de Buzo.

Lucero:
Creo que Lucero (me refiero al personaje) no aprendió nada después de tanta reflexión que ha tenido sobre lo superficial de su clase social. En este ejercicio me parece más chocante aún.
Pienso que Miranda no debió decir: “pero tú qué sabes”, sino “y tú, ¿cómo sabes?”.
Considero que el final de la cabeza sin cuerpo acaba siendo cómico involuntario.

S3co:
Me parece que tu ejercicio funciona, pero no es la Ximena de Falso. Está bien que intentes darle el carácter que le ha faltado a ese personaje en Los Elefantes, pero creo que debiste tomarla como la había planteado su autor y aprovechar el encuentro con Miranda para trastocarla.

Toru:
El resultado me gusta, pero ¿que Lucero no hable nada? Entiendo la dificultad que representa la no-muerta, pero siento que no le entraste de lleno al reto del ejercicio.

Enlaces 4

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Hola, aquí les dejo las ligas a los comentarios de mi cuarta entrega: Chimal, Enrigue y Watanabe. Gracias a los tres.

Taller 8: Carlos Sobera y Nicolás.

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Otro día de trabajo terminó para Carlos Sobera. Hoy sí irá a urgencias. Camina lento, distraído, relajado; trae su libro en la mano. Al pasar por terapia, escucha una voz ronca que sale de un cuarto: “Siete noches continuas son muchas para verle las tetas a la madre”.

Tiene que saber quién ha dicho eso. Entra y ve a un muchacho, blanco, pulcro, pantalón de gabardina y camisa, sentado al lado de la cama; le habla a la paciente, una mujer joven, distante, que parece dormida.

Él sigue con su monólogo. Tiene un acento extraño, tal vez es uruguayo. Carlos Sobera esperaba a un hombre mayor, pero quién sabe desde qué hora ha estado hablando este muchacho que tiene la voz en ese estado.

Como pretexto para quedarse, revisa el expediente, quiere saber más de esa historia. Pero el joven se calla y lo observa:

—¿Algún problema? —le dice.

—No, ninguno. Es sólo rutina.

—¿Es usted doctor?

No usó el “vos”, no es uruguayo, tampoco argentino, piensa Carlos Sobera y responde:

—No, revisión administrativa, nada más —”paciente comatoso, grado 3″, lee en el expediente.

—Ah —y el joven no agrega ni una palabra más. Al parecer, Carlos Sobera se quedará con su curiosidad.

—¿Y le platicas siempre así, aunque tal vez ella no te oiga?

—Ella me escucha, estoy seguro. Bueno, no, pero prefiero pensarlo así. En realidad, no es por ella, es por mí que le hablo.

—Ya. ¿Y qué le cuentas?

—De mi vida, de amigos. Lo que sea. Pero creo que por hoy ha sido suficiente. ¿Terminó?

Carlos Sobera asiente y sale junto con el joven. Lo ve irse.

Entra otra vez en la habitación. Se sienta en la silla que quedó libre. Observa un rato a la paciente. Es linda. ¿Despertará algún día?, se pregunta. ¿Para qué contar una historia sin estar seguro de que será escuchada?, reflexiona y se le ocurre que eso es justo lo que hacen los escritores.

Le surge una idea, busca el capítulo donde se quedó y empieza a leer en voz alta. Pero recapacita y regresa a la primera página. Si no, ella no va a entender nada, piensa.