La novela de Falso resulta la más audaz de las que han llegado hasta el final o bien la escrita con mayor prisa, más de un tirón, con menos planeación previa de temas o técnicas. No sólo fuimos perdiendo, a lo largo de la trama, numerosos elementos que parecían imprescindibles (al pie de esta nota habrá más sobre esto, y en especial sobre el personaje de Ximena), sino que la última entrega es extrañísima, por no hablar del remate. Todo se vale, por supuesto, pero parte importante del trabajo aquí será que la ambición (o la propuesta, si se quiere decir así) se pueda diferenciar claramente de la precipitación.
La última sorpresa relevante del texto, que es la aparición del doctor Aira, me hizo pensar en las novelas de su creador: César Aira tiene, entre sus muchísimos libros, más de cuatro que producen efectos de dislocación y desconcierto semejantes a los de Los elefantes del Kilimanjaro. El problema con Aira es que, si bien sus mejores obras son deslumbrantes, su trabajo es muy disparejo y tiene también muchos experimentos fallidos, interesantes de leer (un novelista aprende mucho más de las obras fallidas que de las que todo el mundo considera perfectas) pero nada más. No en este momento, porque no nos queda prácticamente nada de tiempo, pero Falso, independientemente de que gane o no el concurso, tendrá que considerar con cuidado qué desea hacer con su proyecto (y no sólo esta novela, sino su proyecto literario) a partir de este momento, y hasta dónde quiere o puede llevar lo que le parezca valioso de las sugerencias que ha recibido aquí. Un trabajo acucioso con el texto de Los elefantes podría tanto eliminar del todo sus rarezas como potenciarlas; cualquiera de las dos alternativas requeriría tiempo y dedicación, cualquiera podría llegar a un buen resultado, y cada una es un camino totalmente opuesto a la otra.
En apoyo de la idea de volver a la novela más convencional, se podría decir que su estructura general, aunque da para tantas dudas, contiene muchos episodios que siguen siendo muy interesantes y están bien resueltos en un sentido más tradicional, más preocupado por la ilusión novelesca. La parte oaxaqueña me parece mucho mejor que la africana en este sentido; se ve más de lo que sucede, se “siente” con más claridad y, a fin de cuentas, la gran prueba de Dustin, si va a resultar como parece que resulta, no necesita a los Elefantes del Kilimanjaro ni al “gran reset” de la especie humana.
En apoyo de la otra ruta, tal como está el libro hay algunos temas fundamentales que se ven clarísimamente, un personaje (Dustin) bien trabajado y una prueba tremenda del carácter de éste: optar por la memoria o por el olvido, por la acción o por la inacción. Su aventura africana podría leerse como una versión más grave y más urgente de su aventura oaxaqueña y, para el caso, de su aventura sentimental con Ximena, que fracasa tan miserablemente.
Del final tal como está me me preocupa lo siguiente:
1. A pesar de que la presencia de los Elefantes se anticipa desde el título de la novela y diversos detalles van armando cierta intriga alrededor de los elementos de la conspiración o sociedad secreta que vemos al final, todas las revelaciones de la última parte me parecen muy apresuradas, y el hecho de que casi todo lo que llegamos a saber del asunto sea mediante largos parlamentos no ayuda a disminuir esta impresión. ¿Realmente es tanta la necesidad secreto de los Elefantes como para mantener a Dustin inmovilizado incluso dentro de su cuartel?
2. El comportamiento de los Elefantes, y en particular de Clara, me parece de lo más extraño, lo cual sin duda es parte del efecto buscado, pero hay varios cabos sueltos y detalles que no me parecen convincentes. ¿Por qué se acepta sin más que Dustin sea “iniciado” incluso cuando éste, en África, da claras muestras de que podría no estar a la altura de la tarea? Más ampliamente: ¿por qué los criterios de selección son como son? No me interesa demasiado saber si los Elefantes tienen razón o si sólo son un montón de locos, pero es necesario que su convicción nos convenza.
3. Lo más importante de todo: ¿qué está diciendo el último párrafo de la novela? Dustin se ha ido corriendo, está muy agitado y, después de figurarse como uno de los elefantes que sostienen (que podrían sostener) al mundo, piensa: “No le encuentro límite al océano, la tortuga se cansará
y nos hundiremos antes de encontrarlo. Lo siento.” Si no me equivoco, esto significa que Dustin ha vuelto a fallar, que no irá a la cita y que volverá a su modo de vivir habitual. Falso tiene todo el derecho de que su personaje no cambie, de demostrar que no puede cambiar, pero actuar así me parece desperdiciar la oportunidad de llegar aún más lejos por el camino que ya está recorriendo la novela. Para ver la abulia del personaje, tan semejante a la de tantos millones de seres humanos, sale sobrando no sólo viajar a África sino ir a Oaxaca y, de hecho (me apena decirlo), leer Los elefantes del Kilimanjaro, porque se trata de uno de los peores lugar comunes de nuestra época y está por todas partes: todos somos individualistas, todos vivimos entre el ennui y la hueva, todos nos dejamos vivir por lo que alcanza a sucedernos.
Obsérvese, por favor, que toda esta impresión descansa en el remate del párrafo. ¿No podría éste cambiar, decir otra cosa, decir lo mismo de un modo más interesante o, por lo menos, provocador? Los libros de S3co y Ciencia Vudú eligen, de maneras distintas, mostrar lo que es, y tratar de modificar ese parecer sería destruirlos. No sucede lo mismo con Los elefantes y por eso me parece que no estaría mal considerar alternativas.
Por último, realmente no puedo decir si el epílogo con Ximena serviría de algo a la novela. Por un lado, el personaje (con todo y el trabajo en las correcciones, que estoy repasando mientras escribo) demostró ser mucho menos importante de lo que parecía a la luz del final de la historia de Dustin; por el otro, algo dice este nuevo episodio del carácter del protagonista y Falso se las arregló incluso para introducir una situación paralela a la de Dustin con sus referencias a la memoria y la posibilidad de recomenzar. En todo caso, si se incorporara no podría ser al final del libro, probablemente debería anteceder incluso al viaje a África, y tal vez introduciría una disonancia en el texto, que se mantiene en el punto de vista de Dustin…
Ah, y tal como está el material de que disponemos (incluyendo el curioso comportamiento de los Elefantes que ya mencioné), quien de pronto queda bastante atrás en caracterización es Clara; ¿qué la lleva, repito, a elegir a Dustin? ¿Cuál es exactamente su relación con Rogerio, por no hablar de sus méritos para pertenecer a la sociedad secreta? ¿Debemos fiarnos de su episodio autobiográfico?
Suerte para Falso y gracias por aguantar los bandazos que dimos muchos de sus lectores.
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