Taller

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Ceremonia de premiación de Caza de Letras

Avisos 2 Comentarios »

La premiación del Segundo Virtuality Literario Caza de Letras se realizará el domingo 30 de noviembre a las 8:00 de la noche, como parte de las actividades de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara

Henos aquí una vez más en la parte de despedirnos

Jurado 1: Alberto Chimal, Jurado 2: Álvaro Enrigue, Jurado 3: Mónica Lavín 6 Comentarios »

Esta segunda vuelta de Caza de Letras ha sido para nosotros una experiencia todavía más intensa que la primera: más sorpresas, contratiempos, prisas, desvelos, contrariedades, hallazgos, alegrías. Además, estos meses de trabajo nos han dado una nueva lección: no sólo hemos visto una vez más la tenacidad, el esfuerzo y el valor de un grupo de escritores enfrentados con el trabajo duro de un taller, sino que hemos podido leer, como nuestros visitantes, por lo menos el comienzo de doce novelas diferentísimas, con distintas aspiraciones y propuestas: una pequeña muestra de lo que se escribe hoy, de lo que sucede en este instante de la novela mexicana. Sólo una podía ganar, pero los doce competidores puede presumir ya de algo que eludirá por siempre (pues la vida es dura) a la mayoría de los aspirantes a novelista de este planeta: se han sometido, al menos por un tiempo, a la mirada y el escrutinio de lectores que nada les debían; ya han conocido el contacto humano que se logra exclusivamente por medio de la palabra escrita.

Lamentamos, sobre todo, las tres descalificaciones; las circunstancias fueron las que fueron y, sin duda, hubo para los participantes a quienes perdimos —y que debían, como todos, vivir al mismo tiempo su vida diaria y esta vida virtual— dificultades que no llegaron a saberse. Pero era necesario ser justos con los doce y actuar respetando la letra de las reglas cuando era preciso, así como su espíritu cuando era posible. En cualquier caso, aun los proyectos que no pasaron de las primeras rondas pueden llegar lejos: ya pasaron un primer proceso de criba rigurosa y, sospechamos, sus autores querrán volver por más tarde o temprano. Que así sea.

Deseamos toda la fortuna para estas doce historias y, también, para quienes las escribieron. Y agradecemos los comentarios, las sugerencias, las objeciones y las críticas ofrecidas por numerosas personas tanto a los participantes como a nosotros mismos. La novela es una forma de indagación, una expedición hacia el interior del ser humano, pero lo mismo puede decirse del proceso de escribirla y de la crítica de cuanto se escribe. De todo ello hubo en este concurso, este pequeño mundo electrónico del que todos fuimos parte y que ahora dejamos para volver al otro. Allá nos vemos.

Alberto Chimal
Álvaro Enrigue
Mónica Lavín

Instrucciones (Novela corregida)

Ejercicios 2 Comentarios »

En cuanto los concursantes hayan publicado la corrección de su entrega 7/7, deben habilitar una nueva Entrada en su blog con los enlaces a las 7 partes corregidas de su novela.

Esta Entrada debe llevar como título el de la novela.

Taller 17

Ejercicios Comentarios »

Corrige tu séptimo capítulo (7/7) de acuerdo con las observaciones de tus críticos.

Este ejercicio debe llevar como título el de la novela más el número de la entrega.

El ejercicio debe publicarse como entrada en el blog de cada participante antes de las 10:00 horas del lunes 24 de noviembre.

Falso sorprende

Apreciaciones, Jurado 3: Mónica Lavín 1 Comentario »

Sólo Falso sabía lo que se traía entre manos, como todo novelista debe hacerlo y estar un paso adelante de sus lectores. Con esta entrega final, Falso da una vuelta de tuerca que resulta totalmente inesperada. Algunas piezas empiezan a embonar: la actitud de Clara, esquiva, incierta eligiéndolo a él sin elegirlo amorosamente, cobra su justa dimensión, pero otras se salen de foco, como la pugna social en Oaxaca sobre la cual el personaje ni siquiera reflexiona. Y el plan para preservar la memoria de la humanidad después del apocalípsis ingenioso, chispeante, un Aria convertido en jefe de misión… Pero hace falta un puente más convincente entre el mundo por el que hemos estado transitando y este otro que pertenece a la ciencia ficción.

La novela es circular, volvemos en el final a la imagen olvidada del principio y entonces parece que recorremos desde la memoria de Dustin, quiero pensar, el periplo para llegar a su actual e inamovible pellejo. ¿Sino por qué la circularidad? Habrá que leerla de un tirón.

Resulta convincente (escribir una novela es convencer de la existencia de ese mundo de mentiras) la evocación que hace Dustin de Ximena ahora que Clara enseña su verdadera cara. Dustin que se creía héroe de su destino es la víctima de un plan que lo condena a la soledad. Quedarse en un mundo que desaparezca es la condena a la muerte, si es que así va a suceder. Dustin decide. En esta descabellada opción, decide ser la memoria de elefante de un mundo de sobrevivientes. Este arrebato final cierra un plan certero o despistador (no me queda claro) de una novela. Lo que sí sé es que con este final la polémica de la lucha social en Oaxca parece una línea para confundir si es que no se ata cabalmente en esta nueva e inesperada circunstancia par Dustin.

El ejercicio especial de Falso comparte o continua una idea que está en toda la novela y que no debiera descuidarse: la supervivencia.  Ximena sobrevivirá como madre soltera, su hijo será el hombre nuevo. Ha decidido que no necesita a Dustin, lo único que no les creó a los dos es que se hayan dejado de querer, y menos a Ximena. En esa afirmación hay un reto para Dustin, ¿cómo se manifiesta el desamor?, ¿es una idea?, ¿es una forzada conclusión? Aquí Ximena no me convence. En cambio la escena dulce (que me parece que retrata a Dustin) cuando hacen el amor esa última noche de su relación, es acertada, como lo ha sido Dustin toda la novela. Un personaje que se queda.

Suerte y ánimo en este último jalón.

S3co arrecia el paso

Apreciaciones, Jurado 3: Mónica Lavín Comentarios »

Esta última entrega de s3co cierra su novela de manera circular: vuelve al viejo con el que arrancó esta historia de poderes, narcos, Miranda y Dakota. Sin duda S3co está en control de su historia y abre una extraña y perturbadora rendija cuando ese narrador en primera persona  dice que todo ardió hasta él. ¿Desde dónde, entonces, nos está ralatando? ¿Es acaso un constructor de la propia ficción y por eso puede sobrevivir a la muerte misma de él en la historia? ¿Es Miguel Miranda el guionista tan estupendamente desarrollado en el ejercicio especial para los finalistas que ya había asomado levemente antes? Todo parece indicar que sí, o así lo quiero creer.

S3co atiende a los hilos que ha ido soltando: el Pavo, la Muñeca, Miranda, Dakota, el viejo. Me parece deslumbrante el momento en que Miranda recibe la noticia de la muerte de Dakota, la manera en que percibe un mundo que se detiene. Bien logrado. El dolor de Miranda, sin sentimentalismos, seco y punzante, está allí. El fuego cruzado cansa un poco hasta que llegamos al episodio del árbol, describir batallas quizás sea uno de los retos más difíciles. Y tal vez habría que buscar un ángulo para mirar sin sentir que estamos en lo siempre visto (aunque así sean todas las balaceras).

La tesis de los dos caminos planteada desde el principio está aquí, y sólo puede haber un ganador en este jugarse la vida. De alguna manera el Miranda del ejercicio, escribe un guión literalmente para salvar el pellejo, hace de la metáfora de escribir para sobrevivir al caos y la incertirumbre de la vida, un hecho. Es un acierto esa mirada de S3co. Sus frases denotan una sabiduría soltada con justeza: “el terror huele más que la pólvora”.   El ejercicio las tiene en abundancia: “Dios siempre cobra de más”, “antigua danza entre el fuego y la muerte” y sobre todo “delinquir no es comer chilaquiles”. Igual que Miranda S3co sabe que escribir una novela no como comer chilaquiles y a base de resistencia entre los dobleces de una trama que a ratos confundía lleva su historia a buen fin, esa historia de narcos que Miranda no quería contar. Creo, o quiero creer (y me hace falta más evidencia sin que se llegue a la obviedad o leerla de corrido y percibirlo), que esa cuarta dimensión del guionista escribiendo la historia que leemos existe de manera sutil pero eficaz, que el “corrido visual” ha superado la expectativas de un público de películas de los hermanos Aldama y las telenovelas (plagiando a Miranda).   El viejo pareciera ser el héroe que ha pagado por el guión, y que ahora engrandecido, se hace de un corrido para la hazaña de su vida. Y eso ya ni Miguel Miranda lo sabe, porque si se juega con fuego es difícil salvar el pellejo.

En favor de la novela juegan la falta de obviedad (aunque sería deseable una pequeña dosis de certeza sobre el punto de vista), una geografía visible hacia el final de la novela y una revelación de una estrategia por parte de un escritor talentoso, jugoso que ofrece varias dimensiones para entrar en su corrido.

La novela de S3co ha crecido con el avance de los episodios y se observa, dado la eficacia de su ejercicio y del anterior, que puede escribir con velocidad, imaginción y puntería.

Enhorabuena y suerte.

Ciencia vudú y los cabos sueltos

Apreciaciones, Jurado 3: Mónica Lavín 3 Comentarios »

En esta última y nuy esperada entrega de Ciencia vudú, hay algo que no se resuelve. La Chapara inmersa en este mundo contemporáneo del vacío, de la desazón parece no llegar a ningún lado más que al concierto de rock donde toca el Grunch por el que había manifestado una atracción que no estaba  a la altura de la razón. Eso gustaba, está bien que lo acompañe en un concurso de música, pero a dónde quedó todo ese mundo de empleados del mes, de hermana embarazada… Ciencia vudú no ata los cabos, si bien su estilo es de medio tono, de no grandes acontecimientos, y era previsible que lo suyo no fuera un final apocalíptico, ni una matanza callejera, si esperábamos saber algo más de la Chaparra, quizá que ante alguna circunstancia la Chaparra actuara y pensara como ni ella misma lo suponía (ni la propia autora).

La caracterización del personaje es maestra, convence, seduce, queremos a la Chaparra, estamos con ella, pero había que poner a prueba su caracter, un rasgo de su persona que debe expresarse en alguna situación. Algo inesperado de ella misma. Pero ello no ocurre. La sutileza, que es una virtud subrayable, se queda en ello y no esgrime una estocada final que nos deje satisfechos. Así terminada la novela da la impresión que podría seguir indefinidamente. ¿Por qué no? Los finales de una novela como la que propone Ciencia son los más difíciles, porque no tienen que ver con la espectacularidad sino con una mirada más íntima de algo que se rescate entre la nimiedad y la grisura de esa estética, de ese mundo de vacíos, de alturas absurdas, a las que Ciencia tan bien les ha tomado el pulso. Es acertadísima, como lo ha sido a lo largo de toda la novela, la descripción del ritual religioso cristiano, ese subrayar la orfandad de dioses, protección, ese algo que busca la Chaparra y que no acierta a encontrar. Tal vez lo encuentra en la música que escucha, esa es su religión para paliar la infelicidad (que padece la mayoría de los mexicanos según el Grunch). Los textos sobre la propaganda del negocio de hamburguesas son divertidísimos. Ciencia vudú en pleno.

La Chaparra muestra en este final que contener la vejiga es una declaración de amor por el Grunch, muy propio de la Chaparra como el momento luminoso en que quisiera besar al Grunch pero no lo hace. Tal vez reconocer eso es una revelación para la Chaparra. Y tal vez la música y el Grunch son el santuario posible que la Chaparra anda buscando. Pero hace falta amarrar lo entamado.  Tengo para mí que Ciencia vudú, que ha demostrado tener una mirada incisiva sobre el entorno y que ha creado un personaje querible como la Chaparra, puede, dentro de las dificultades que su mundo copilqueño, cotidiano, aparentemente insulso ofrece, llegar a otra altura en este final.

Así lo deseo. Suerte.

Los elefantes del Kilimanjaro, por Falso

Apreciaciones, Jurado 1: Alberto Chimal 2 Comentarios »

La novela de Falso resulta la más audaz de las que han llegado hasta el final o bien la escrita con mayor prisa, más de un tirón, con menos planeación previa de temas o técnicas. No sólo fuimos perdiendo, a lo largo de la trama, numerosos elementos que parecían imprescindibles (al pie de esta nota habrá más sobre esto, y en especial sobre el personaje de Ximena), sino que la última entrega es extrañísima, por no hablar del remate. Todo se vale, por supuesto, pero parte importante del trabajo aquí será que la ambición (o la propuesta, si se quiere decir así) se pueda diferenciar claramente de la precipitación.

La última sorpresa relevante del texto, que es la aparición del doctor Aira, me hizo pensar en las novelas de su creador: César Aira tiene, entre sus muchísimos libros, más de cuatro que producen efectos de dislocación y desconcierto semejantes a los de Los elefantes del Kilimanjaro. El problema con Aira es que, si bien sus mejores obras son deslumbrantes, su trabajo es muy disparejo y tiene también muchos experimentos fallidos, interesantes de leer (un novelista aprende mucho más de las obras fallidas que de las que todo el mundo considera perfectas) pero nada más. No en este momento, porque no nos queda prácticamente nada de tiempo, pero Falso, independientemente de que gane o no el concurso, tendrá que considerar con cuidado qué desea hacer con su proyecto (y no sólo esta novela, sino su proyecto literario) a partir de este momento, y hasta dónde quiere o puede llevar lo que le parezca valioso de las sugerencias que ha recibido aquí. Un trabajo acucioso con el texto de Los elefantes podría tanto eliminar del todo sus rarezas como potenciarlas; cualquiera de las dos alternativas requeriría tiempo y dedicación, cualquiera podría llegar a un buen resultado, y cada una es un camino totalmente opuesto a la otra.

En apoyo de la idea de volver a la novela más convencional, se podría decir que su estructura general, aunque da para tantas dudas, contiene muchos episodios que siguen siendo muy interesantes y están bien resueltos en un sentido más tradicional, más preocupado por la ilusión novelesca. La parte oaxaqueña me parece mucho mejor que la africana en este sentido; se ve más de lo que sucede, se “siente” con más claridad y, a fin de cuentas, la gran prueba de Dustin, si va a resultar como parece que resulta, no necesita a los Elefantes del Kilimanjaro ni al “gran reset” de la especie humana.

En apoyo de la otra ruta, tal como está el libro hay algunos temas fundamentales que se ven clarísimamente, un personaje (Dustin) bien trabajado y una prueba tremenda del carácter de éste: optar por la memoria o por el olvido, por la acción o por la inacción. Su aventura africana podría leerse como una versión más grave y más urgente de su aventura oaxaqueña y, para el caso, de su aventura sentimental con Ximena, que fracasa tan miserablemente.

Del final tal como está me me preocupa lo siguiente:

1. A pesar de que la presencia de los Elefantes se anticipa desde el título de la novela y diversos detalles van armando cierta intriga alrededor de los elementos de la conspiración o sociedad secreta que vemos al final, todas las revelaciones de la última parte me parecen muy apresuradas, y el hecho de que casi todo lo que llegamos a saber del asunto sea mediante largos parlamentos no ayuda a disminuir esta impresión. ¿Realmente es tanta la necesidad secreto de los Elefantes como para mantener a Dustin inmovilizado incluso dentro de su cuartel?

2. El comportamiento de los Elefantes, y en particular de Clara, me parece de lo más extraño, lo cual sin duda es parte del efecto buscado, pero hay varios cabos sueltos y detalles que no me parecen convincentes. ¿Por qué se acepta sin más que Dustin sea “iniciado” incluso cuando éste, en África, da claras muestras de que podría no estar a la altura de la tarea? Más ampliamente: ¿por qué los criterios de selección son como son? No me interesa demasiado saber si los Elefantes tienen razón o si sólo son un montón de locos, pero es necesario que su convicción nos convenza.

3. Lo más importante de todo: ¿qué está diciendo el último párrafo de la novela? Dustin se ha ido corriendo, está muy agitado y, después de figurarse como uno de los elefantes que sostienen (que podrían sostener) al mundo, piensa: “No le encuentro límite al océano, la tortuga se cansará
y nos hundiremos antes de encontrarlo. Lo siento.” Si no me equivoco, esto significa que Dustin ha vuelto a fallar, que no irá a la cita y que volverá a su modo de vivir habitual. Falso tiene todo el derecho de que su personaje no cambie, de demostrar que no puede cambiar, pero actuar así me parece desperdiciar la oportunidad de llegar aún más lejos por el camino que ya está recorriendo la novela. Para ver la abulia del personaje, tan semejante a la de tantos millones de seres humanos, sale sobrando no sólo viajar a África sino ir a Oaxaca y, de hecho (me apena decirlo), leer Los elefantes del Kilimanjaro, porque se trata de uno de los peores lugar comunes de nuestra época y está por todas partes: todos somos individualistas, todos vivimos entre el ennui y la hueva, todos nos dejamos vivir por lo que alcanza a sucedernos.

Obsérvese, por favor, que toda esta impresión descansa en el remate del párrafo. ¿No podría éste cambiar, decir otra cosa, decir lo mismo de un modo más interesante o, por lo menos, provocador? Los libros de S3co y Ciencia Vudú eligen, de maneras distintas, mostrar lo que es, y tratar de modificar ese parecer sería destruirlos. No sucede lo mismo con Los elefantes y por eso me parece que no estaría mal considerar alternativas.

Por último, realmente no puedo decir si el epílogo con Ximena serviría de algo a la novela. Por un lado, el personaje (con todo y el trabajo en las correcciones, que estoy repasando mientras escribo) demostró ser mucho menos importante de lo que parecía a la luz del final de la historia de Dustin; por el otro, algo dice este nuevo episodio del carácter del protagonista y Falso se las arregló incluso para introducir una situación paralela a la de Dustin con sus referencias a la memoria y la posibilidad de recomenzar. En todo caso, si se incorporara no podría ser al final del libro, probablemente debería anteceder incluso al viaje a África, y tal vez introduciría una disonancia en el texto, que se mantiene en el punto de vista de Dustin…

Ah, y tal como está el material de que disponemos (incluyendo el curioso comportamiento de los Elefantes que ya mencioné), quien de pronto queda bastante atrás en caracterización es Clara; ¿qué la lleva, repito, a elegir a Dustin? ¿Cuál es exactamente su relación con Rogerio, por no hablar de sus méritos para pertenecer a la sociedad secreta? ¿Debemos fiarnos de su episodio autobiográfico?

Suerte para Falso y gracias por aguantar los bandazos que dimos muchos de sus lectores.

No tengo tiempo, por Ciencia Vudú

Apreciaciones, Jurado 1: Alberto Chimal 2 Comentarios »

El final de No tengo tiempo, a pesar de ser poco convencional, deja tal vez una sensación de menor desconcierto que el de Los elefantes del Kilimanjaro. Esto no da ni quita nada a ninguna de las dos novelas, que muy difícilmente volverán a ser leídas una al lado de la otra cuando sean publicadas, pero lo menciono porque me ha dejado ver que la estrategia general de la historia de la Chaparra: el anuncio de cimas de tensión dramática que la propia trama o la protagonista acaban saboteando, se mantiene firme en todo momento del texto. Ésta es una historia, tal vez, más cerebral, más “previamente pensada” que otras de este concurso: aunque Ciencia Vudú ha podido hacer correcciones y revisiones, su rechazo de la forma de construcción habitual de la mayoría de las novelas se deja ver como absolutamente deliberado. Aquí nunca se trató de crear una historia con base en una sucesión de “episodios emocionantes”, encadenados por medio de causas y efectos claramente visibles y pensados para “llevar” a los personajes a lo largo de varias dificultades hasta alguna clase de resolución de sus conflictos; aquí no hay nada de eso: los episodios no siempre influyen en el desarrollo posterior de los hechos y la historia de la vida de la Chaparra podría continuar, en teoría, indefinidamente (o hasta la muerte, que es el final al que llega siempre, como se dice, cualquier historia que se prolonga lo suficiente).

No me gusta la cantidad de cabos sueltos, en especial en relación con la hermana (o hermanas: ¿cuántas son, son relevantes sus movimientos?), y la salida de la Chaparra del restaurante termina por ser mucho más vaga de lo que parecía, lo que es una disminución si se le compara con los remates de otros episodios equívocos (¿sólo se fue porque el local estaba hecho un desastre, fue a la tienda de discos a pedir empleo porque ya no tenía otro?). No se trata de que todo tenga que terminar con una explosión, pero sí de que las preguntas que nos puedan quedar al final sean más interesantes que las que están entre paréntesis en este párrafo. Mucho de la novela es atmósfera, digamos, pero no estas partes, que se han desarrollado más largamente, y cada fragmento del texto debería poder justificarse de un modo u otro; esta novela es demasiado breve (y su escritura demasiado apretada) para permitirse ser sólo palabrera.

Viendo estos problemas pienso que el gran riesgo de una novela como ésta es que, tras hacer a un lado las convenciones más habituales, podría caer en la repetición de otras. Al terminar la última sección me quedó una impresión que ya veía venir pero de la que no estaba seguro: mucho del desarrollo de la trama, de sus momentos “dramáticos” cuidadosamente anticipados y luego hechos a un lado, debe provenir de las lecturas de Roberto Bolaño que Ciencia Vudú ha dicho (en algún sitio de su blog) hacer con gusto y frecuencia.

Esto es importante porque Bolaño, acaso como le pasó hace unos cuarenta años a Julio Cortázar, se está convirtiendo (por razones no del todo relacionadas con la estatura de sus obras) en emblema, estandarte o por lo menos influencia importantísima de una generación entera de escritores de América Latina. El escritor lo merece, pienso, y hasta sus detractores tendrán que admitir que podría haber –que ha habido y hay, de hecho– grandes santones con mucho menos mérito, pero el seguir deliberadamente a un gran maestro (a un precursor fuerte, para decirlo con palabras de Harold Bloom) puede llevar al escritor a no hacer más que repetir a ese precursor. Lo digo porque así pasó con muchos seguidores de Julio Cortázar: las novelas que escribieron, en su mayoría totalmente olvidadas, son además totalmente olvidables porque no hacen sino repetir algunos rasgos superficiales de Todos los fuegos el fuego, de los cuentos y sobre todo de Rayuela. No sólo reaparecen los mismos personajes “típicos” (creo haber escrito sobre esto en algún momento de estas semanas) sino los mismos temas, los mismos tics de la redacción, etcétera.

Si no me equivoco, No tengo tiempo puede no tener ese mismo destino; por el contrario, puede llegar a ser de las poquísimas historias “bolañescas” que realmente valga la pena más allá de la influencia. Pero más adelante, en otros proyectos, Ciencia Vudú tendrá tal vez que experimentar con otras técnicas, pelear contra lo que aquí le ha salido bien y arriesgarse de otras formas.

(Quiero mencionar, para aclarar un poco más lo dicho arriba, un tema que me parece más importante aquí que en el mismo Bolaño. Se ve en el remate del episodio del culto religioso [en el que sobra, por cierto, un acento; hay varias otras enmiendas semejantes que hacer]: “recuerden”, dice el predicador, “las palabras de Jesús a sus apóstoles: si los perros ladran, es porque estamos subiendo”. El desgaste de la referencia, que durante mucho tiempo se ha atribuido al Quijote y no está realmente allí, es el desgaste del mundo y la cultura de la Chaparra –y de nosotros–, y muestra de otra manera el modo en el que, como se ha dicho tantas veces, nuestro tiempo se parece más y más a la imagen que tenemos de la Edad Media: la Chaparra, como todos los demás en la novela, está perdida en un entorno casi desprovisto de asideros, en el que la historia no cuenta, el futuro no existe y sólo quedan residuos de ideas, basura, frases mal comprendidas. La visión es desoladora, y más aún porque no queda, como en, digamos, Los detectives salvajes, la conciencia de ningún devenir, ninguna tradición literaria [ni de ningún otro tipo], ninguna posibilidad de búsqueda ni interés en ella. Ciencia Vudú debería preguntarse si este tema no podría ocupar el centro de algún proyecto posterior.)

Un aparte: sobre el último ejercicio, que Ciencia Vudú ha titulado “Lado B”, puedo decir que me parece satisfactorio, en especial porque la Chaparra no deja de ser nunca quien es a pesar de los acontecimientos que suceden a su alrededor; justamente por eso creo que la novela puede no necesitar estos episodios adicionales (aunque las informaciones que proveen son utilísimas). Los ejercicios de esta ultima ronda tenían como fin sondear algún aspecto particular del proyecto y llevar al trabajo directo con posibles debilidades de los concursantes, y en este caso se pudo comprobar que la “falta” de resoluciones espectaculares no sólo es un efecto buscado sino que podría haberse logrado aun en circunstancias más convencionalmente “novelescas” que las que le tocan en suerte a la Chaparra en el cuerpo principal de su historia. Ciencia Vudú tendrá que decidir si estos sucesos complementan apropiadamente al resto.

En fin, suerte y felicidades.

Posdata: como varios de los comentaristas, creo que lo que sí falta después de la última sección es una carita, tan machacona e irónica como las demás. :)

Final de “No tengo tiempo” de Ciencia Vudú

Apreciaciones, Jurado 2: Álvaro Enrigue 1 Comentario »

Ups. La que me parecía la novela más interesante del taller se desbarranca en la última entrega. ¿Para que llegar hasta acá si de todos modos no iba a pasar nada, si todos los hilos se iban a quedar sueltos y todo daba lo mismo? Es curioso que un autor con sentido crítico tan afinado como Ciencia Vudú, al final decida simplemente abandonar un relato cuyas tensiones fue trabajando lentamente.

Entiendo, por supuesto –o creo que entiendo—que No tengo tiempo funciona por acumulación de incidentes. Una novela sobre lo vacío y lo banal no puede permitirse ninguna clase de ribete épico y está bien que el autor sea consecuente con su proyecto, pero ¿de ahí a que termine, como los pantalones vaqueros, en un deshilachado?

Hay que aclarar que lo anterior no significa que me disguste el final mismo de la última entrega. Al contrario, encuentro el cierre in media res de la novela como una de esas soluciones resultonas a las que nos tiene acostumbrados el autor y una estrategia que se irá volviendo típica en los tiempos posbolañanos. La noción misma de que un libro termine no sólo cuando está por revelarse uno de sus misterios –el Grunch es un perdedor perfecto, o va a despuntar–, sino cuando la protagonista decide aguantar el pipí por veinticinco minutos más, es interesante.

Y, como de costumbre, lo mejor de la novela está en la reflexión lógica y fría sobre las verdades más o menos aceptadas que, al descuadrarse un poco, ya no lo son tanto. Está bien que haya quien proteja a los niños, dice el Guasón, pero ¿quién nos protege a nosotros de ellos? Esto dicho después de relatar una espantosa historia escolar que podría, perfectamente, ser cierta.

El problema es otro, entonces, aunque ambos estén relacionados. Por supuesto que un autor tiene perfecto derecho a considerar “ambientales” o “incidentales” todos los tramos de su novela que se le de la gana, pero, si se me permite regresar al tropo que tanto enchiló a Toru Watanabe, ¿para qué darle pistolas a los personajes si no las van a disparar?

En tanto lector me quedo con la sensación de que la historia de la hermana nunca estuvo bien contada y ameritaba estarlo –¿eran dos hermanas? ¿era una que entraba y salía del manicomio?; lo aclararé al releer la versión final en los próximos días. Lo mismo pasa con las apariciones y desapariciones del Grunch: no condujeron hacia ningún lado. Hay una pizca de estafa en que tanta labor narrativa haya servido solo para que la Chaparra pudiera deambular por la unidad habitacional. Todo el trabajo que costó reconstruir perfectamente el ambiente al interior de una concesionaria de comida rápida, ¿para qué? ¿Los cursos? ¿Las relaciones difíciles entre los trabajadores? ¿Las fantasías con el Güero de rancho? Tal vez lo más importante: que el personaje de la Chaparra haya sido ambivalente tanto con respecto a los subversivos como a los convencidos de la comida exprés le daba una gran libertad para optar por alguna postura moral fuerte e interesante y lo que hace es sólo pasar de largo. Vuelvo a lo que hacía enojar a Toru: ¿era sólo el relato sobre otra generación perdida?

En fin. Me imagino que, con el voto final respirándonos a todos en la nuca, simplemente no hay tiempo de modificar mas que pequeños detalles de los tres libros que quedaron como finalistas. Si hubiera un proceso fuerte de reescritura, éste tendría que suceder antes de publicar. Entonces habría que pensar en redondear un poco más los bordes que parecía que se iban a bordear o en soltarlos para no generar falsas esperanzas en los lectores.

Tal vez la lectura ya de corrido de No tengo tiempo produzca otra sensación general.